Voces de la comunidad: “Esto es vida”
Marzo 2026
Ana María Novoa tiene 95 años. Ernesto Papale, 96. Ambos vienen a la YMCA todas las semanas desde hace más de 65 años. Nadan, hacen gimnasia, se encuentran con sus compañeros. Y hablan de la Asociación como quien habla de su casa.
-Ana, ¿cómo te presentás?
-Ana María Novoa. Noventa y cinco frescos años.
-Ernesto Papale. Noventa y cinco… noventa y seis ahora. Ya me olvidé -dice entre risas.
La charla empieza así, distendida. Y enseguida aparece la historia.
-La primera vez que puse el pie acá fue hace 65 años -cuenta Ana-. Acá aprendí a nadar. Venía de la Asociación Cristiana Femenina. Un día me dije: “Este es el último año que hago baño de asiento”. Me anoté… y acá aprendí. Después no dejé más. Con el grupo que armamos compartimos la vida. Nos reuníamos en la casa de una, de otra, con los maridos, los hijos, después los nietos. Toda la vida. Para mí fue una segunda vida, hermosa.
Ernesto escucha y asiente. Su vínculo empezó de otra manera.
-Yo debía tener 25 años cuando me hice socio. Tenía la peluquería acá cerca. Me dolía la rodilla, fui al médico y me dijo: “Andá a hacer natación, eso te va a salvar”. En un mes no tenía más problema. Y no dejé nunca más. Éramos más de cien haciendo gimnasia. Arriba, en el mirador del gimnasio había un piano, y tocaban mientras hacíamos gimnasia -continúa Ernesto-. Era una maravilla. Dábamos toda la vuelta al salón. Eso te daba entusiasmo.
Cuando les preguntamos qué significa hoy la Asociación, Ernesto responde sin dudar:
-Esto es vida. Es vida. Yo ya nací con esto. Cuando viajaba, donde iba buscaba la YMCA. Lo llevaba conmigo. Está en todos lados.
Ana lo escucha y después completa desde su experiencia:
-Para mí es como una segunda casa. Cuando estoy mal, vengo para acá. Aunque sea a dar una vuelta a la pista. No puedo dejar de venir. Cuando no vengo, me siento mal. Esto lo siento adentro.
-No solamente la actividad física te da años de vida -dice Ernesto-. También el compartir. Uno se levanta pensando: va a estar mi compañera, va a estar el otro. Eso da entusiasmo.
Ana retoma:
-La palabra amigo no es para cualquiera. Pero nosotros éramos amigos de verdad. Cuando me operaron se peleaban para quedarse conmigo a la noche. Te cuento esto para que veas qué clase de gente eran.
Y reflexiona en voz alta:
-Uno no se da cuenta mientras lo vive. Pero ahora digo: gracias a Dios que tuve esto. Conozco gente mucho menor que yo y no tienen vida.
Les preguntamos qué le dirían a quienes creen que ya es tarde para empezar.
-No hay edad para esto -dice Ernesto-.
Y Ana agrega:
-Hay que venir. Yo no venía porque me sobrara el tiempo. Me hacía el tiempo. Esto es primordial para la calidad de vida. Nunca dejen de venir.
Ernesto coincide:
-Es necesario moverse. El cuerpo, si no se mueve, envejece. Tengo clientes de 70 años que no pueden caminar. Hicieron una vida aplastada. Trabajan y comen. Con eso no alcanza.
Antes de terminar, Ana deja una frase que resume su mirada:
-La vida tiene una fecha. La fecha está. La calidad la busca uno.
Ernesto vuelve a asentir.
-Esto es vida.








Antes de despedirnos, les entregamos una distinción de la YMCA Argentina. Un reconocimiento sencillo, pero significativo. El texto decía:
“YMCA Argentina reconoce a Ernesto Papale y a Ana Novoa por encarnar los valores de vida activa en comunidad, inspirando a todas las generaciones que forman parte de nuestra Asociación.”
Lo leen. Se miran. Sonríen. No hacen falta muchas palabras más.
A los pocos segundos, la conversación vuelve a lo de siempre: la próxima clase, quién va a venir, que no hay que faltar. Porque, como dijo Ernesto durante la entrevista, “esto es vida”. Y como recordó Ana, “la calidad la busca uno”.
La distinción quedó en sus manos.
El ejemplo, en todos nosotros.




