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Niños activos, aún en cuarentena

Por Adriana Zilber

“El trato que se les da a los niños es el que ellos luego darán a la sociedad” (Karl Menninger)

Las medidas de prevención a las que hoy nos vemos sometidos como sociedad en todo el mundo, representan un brusco cambio de los hábitos y las costumbres que los seres humanos mantenemos cotidianamente, con tanta naturalidad que no somos conscientes de ello. Ante semejante situación, producida de manera repentina y obligada, es comprensible que nos veamos sacudidos emocionalmente. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que este escenario es transitorio y que, cuando finalice, podremos en la mayoría de los casos, retomar nuestros hábitos o modificarlos según sea nuestra propia elección.-

En esta realidad, al igual que los adultos, los niños y adolescentes pueden sufrir un impacto psicológico negativo. Aunque quizás hayan disfrutado, en un principio, de la suspensión de algunas de sus obligaciones, en tanto el período de encierro se prolonga, es factible que aparezcan en ellos algunos síntomas como enojo, ira, angustia, irritabilidad, tristeza, insomnio, pesadillas y, en los más pequeños, retrocesos en el lenguaje, la lectoescritura y el control de esfínteres.

Si a la presente condición de encierro obligatorio le sumamos la exposición al permanente  bombardeo de información que, por su edad, no están en condiciones de procesar y la imposibilidad de realizar actividades físicas como correr, saltar, jugar con amigos o abuelos o practicar deportes, el impacto emocional puede resultar abrumador.

Evidencias científicas reflejan que existen grandes beneficios del ejercicio sobre el sistema inmunitario en los niños durante su crecimiento. En este sentido, si bien aún no contamos con datos específicos que describan el efecto directo de la actividad física sobre la infección o el tratamiento de COVID-19, los profesionales de la salud resaltan la importancia de asegurarnos que los niños practiquen una actividad física regular como estrategia para mantenerlos sanos, conservando en las mejores condiciones posibles, el funcionamiento de su sistema inmunológico.

Además, la práctica de actividad física proporcionará inmediatos beneficios como alivio del estrés, mejoras en la conducta, aumento de la concentración y disminución del tiempo de uso de dispositivos tecnológicos, entre otros.

Los niños tienen naturalmente mayor facilidad que los adultos para adaptarse a los cambios. Es importante transmitirles que sus conductas son realmente significativas para su cuidado y el de los demás. Ayudémoslos a mantenerse activos y saludables. Tengamos presente que esta situación de excepción quedará para siempre en la memoria de ellos.

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