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Un manto educativo que nos cubra a todos

Por Jorge Gort

Suspendidos en una especie de nube o limbo  estamos todos en el entretanto.

Entretanto no vemos a los abuelos, los llamamos o los videollamamos.

Entretanto no nos juntamos  para los cumpleaños, hacemos una videollamada múltiple.

Entretanto no podemos ir al gimnasio, vemos la clase on line.

Entretanto no podemos ir a pagar, transferimos.

Entretanto algunos no podemos trabajar, nos endeudamos…

Nada es sencillo ni está mejor en este “entretiempo” sin medida que vive la humanidad.

La escuela  no es ajena a los vaivenes de esta nueva subjetividad de tiempo y espacio que no conocemos. Sin embargo, tenemos que  continuar con nuestra misión más importante: garantizar el derecho a la educación de todos nuestros estudiantes en todas y cada una de las circunstancias en las que desenvuelva su vida cotidiana actual.

Como todos, los profesionales de la educación estamos aprendiendo en el hacer, porque no había protocolos para esta contingencia, en la que más que nunca la gran comprobación es que tal cual afirman muchos pedagogos: la enseñanza es también aprendizaje.

Lo que hasta hoy fue una sorpresa desestructurante, paulatinamente se ha ido transformado en experiencias que se sistematizan para superar las prácticas habituales con nuevas metodologías, diversas actividades y secuencias creativas. 

En la convivencia familiar, algunas nuevas “amabilidades” como la sorpresa de no madrugar, no vivir corriendo, o estar juntos en familia en un nuevo y casi eterno tiempo, van creciendo las sensaciones de encierro, malhumor, preocupación  y el agobio de sentir que a todo se le suma el tener que acompañar a los chicos en sus recorridos escolares que, “con ojos de padres” bien pueden aparecer como caprichosos o inciertos.

Es imprescindible aclarar que detrás de cada actividad o consigna de trabajo, hay una tarea técnica invisible de articulación entre los contenidos de  enseñanza prescriptos, los propósitos de cada proyecto de la institución educativa y en particular “las buenas artes” de profesores y maestros. Esta tarea es el resultado de esa sistematización de las experiencias de enseñanza.

También es necesario recordar que en la actualidad, la adaptación a este “entretanto” en el que no está resuelta la presencialidad, la escuela sigue abierta con su mandato ético de equidad por sobre cualquier otro y es ése el más inmenso desafío.

 Es por esto un gran trabajo traspasar la cotidianidad escolar a las formas mediadas de enseñanza y aprendizaje que tenemos entre manos.  Nuestro paso más largo es el de poder llegar a los estudiantes que tienen una o dos computadoras en el hogar al mismo tiempo que a otro chico cuya familia tiene el problema de contar con un solo celular, sin abono y necesita cargar cien pesos de datos para bajar las tareas cada vez que llegan. 

En esta situación nos encontramos las escuelas de la YMCA “en el entretanto”: tratando de tejer un manto educativo que nos cubra los pies a todos y sistematizando las experiencias a la vez que evaluándolas en el día a día.

Y entretanto… seguimos en el esfuerzo de no lesionar derechos ni restringir servicios. 

Enseñamos con el mismo propósito educativo: que los estudiantes crezcan cada día en sus emociones, saberes y habilidades. 

Apoyados en la tierra firme de nuestros valores institucionales, mirando al futuro con esperanza, enseñando con convicción pedagógica  y acompañándonos en comunidad.  

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