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El trabajo que viene, o la “nueva normalidad”

Por Carlos Salvo

Entrando ya en el juego de imaginarnos esos nuevos escenarios del mundo del trabajo a que hacíamos referencia en las notas anteriores, con la insistencia en la necesidad de poner toda nuestra capacidad inteligente al servicio de la adaptación rápida y exitosa a los desafíos que se vienen, hoy vamos a tratar de compartir algunos aspectos que resultarán esenciales para poder salir airosos de esta especie de encrucijada de vida".

Es seguro que la organización del trabajo no estará en las empresas, las que ya no concentrarán a sus empleados para el intercambio de los objetos necesarios para la producción; así como la enseñanza no estará confinada a las aulas de los establecimientos educativos, sino al enlace virtual, programado y regular entre quienes ejercen el rol de docentes y sus alumnos. 

Por estos días de locura producido por el coronavirus, no son pocos los Estados en los que sus respectivos gobiernos buscan en el mundo científico (matemáticos, médicos, investigadores, ingenieros, analistas, etc.) asesoramientos que permitan tomar medidas para ir preparando a sus poblaciones para vivir en esos nuevos escenarios.  Y se comienza a acuñar la frase “nueva normalidad, que viene a superar aquello deel día después”. Lo que se está afirmando categóricamente es que el mundo de los meses y años venideros va a ser otro, y tendremos que adaptarnos a situaciones nuevas, tal como lo dijimos en nota anterior.

La tecnología y el nivel de formación permiten que los trabajadores de oficinas no necesiten un mismo espacio y un mismo tiempo para intercambiar documentos, hacer reuniones o trabajar en equipo, y las fábricas automatizadas y robotizadas, apenas requieren mano de obra no cualificada. Esto significa, en el fondo, que se hace imprescindible una educación de calidad, que prepare a la persona para estas situaciones. Caso contrario, las posibilidades de acceso al trabajo serán escasas y cuando existan será para tareas mal remuneradas y posiblemente informales.

Las empresas serán otras, con un crecimiento exponencial del trabajo basado en el conocimiento, con nuevas estructuras virtuales, con redes de trabajo, trabajo temporal y externalización. Tendremos nuevos conceptos espaciales y temporales del trabajo, con lugares no territoriales, oficinas de planta abierta con horarios flexibles. Todo esto producirá un aumento de la movilización global tanto de la producción como de las personas.

Los trabadores también jugarán otros roles; fusionando sus tiempos libres y de trabajo, se producirá un aumento en la responsabilidad de su cualificación, y una mayor exigencia para que trabajen en la vejez. 

Por vía de la tecnología aumenta la penetración en el trabajo de las tecnologías de la información, de la informática móvil y de la tecnología para equipos. También surgirán nuevas formas y tipos de trabajo realizados por cuenta propia, apoyado en las Tics y el móvil, el tele-trabajo, etc.

Todo esto tiene un solo basamento indispensable: educación de calidad que alcance a todos en todos los lugares.

Y para quienes siguen pensando que esa educación de calidad resulta demasiado cara para las arcas casi vacías de nuestros Estados, donde la economía es factor de riesgo tanto o más como el sanitario, recordemos aquella famosa frase de Benjamín Franklin, destacado científico de la ilustración estadounidense, además de político, filósofo, inventor, escritor e impresor: “SI PIENSAS QUE LA EDUCACIÓN ES CARA, PRUEBA CON LA IGNORANCIA”.

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