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Trabajo en tiempos de (¿post?) pandemia

Por Carlos Salvo

Hace doscientos años el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe escribió: “Que cada uno barra delante de su propia puerta, y todo el mundo estará limpio”; un pedido casi premonitorio de esta situación de pandemia que hoy vivimos; y Eckhart Tolle decía: “la vida te dará la experiencia que sea más útil para la evolución de tu conciencia“. Lo primero con referencia a la necesidad de actuar con responsabilidad en cuanto a higiene y cuidados del medio ambiente y lo segundo una clara alusión en cuanto a aprender de situaciones vividas poniendo en juego nuestra capacidad de razonar para modificar hábitos y conductas.

Apostando a esa capacidad, en estos momentos la reflexión frente a fenómenos de la naturaleza del COVID-19 debe ser más científica y analítica, coincidiendo con una expresión de la física Marie Curie: “No hay que temer nada en la vida, solo hay que entenderlo. Ahora es el momento de entender más, para que podamos temer menos“.

Concordando con esas expresiones, la semana pasada reafirmamos con total convicción que el gran desafío que la sociedad en su conjunto y cada uno de quienes la componen tiene por delante para superar lo que dejará la pandemia provocada por el Coronavirus (COVID-19) es desarrollar la capacidad inteligente para adaptarse de manera rápida y exitosa al nuevo escenario que se prevé nos espera.

Hoy, conocidas las decisiones de alargar la cuarentena algunos días más, dispuesta por el Gobierno Nacional, se nos presenta un gran interrogante: ¿Estaremos preparados para semejante desafío? El que nos demandará salir de la “tranquilidad” de nuestros hogares para volver a la rutina del vértigo, de la inmediatez y de la lucha por alcanzar día a día aquellos objetivos que nos imponen o nos imponemos, adoptando conductas distintas, innovadoras.

Nos preocupa que la situación haya generado un acostumbramiento a “vivir sin hacer mucho”, y que en consecuencia nos cueste en demasía retomar el ritmo necesario, ahora además con el ingrediente de tener que iniciar procesos distintos, situaciones nuevas, acomodamientos a nuevas rutinas, horarios y procedimientos.

Por eso, más que nunca tenemos que insistir en utilizar toda nuestra inteligencia para manejar adecuadamente las situaciones, adaptarnos rápidamente y tener éxito en la misión.

Si desde siempre la YMCA ha insistido en la educación de calidad como el principal factor para superar el círculo fatídico de la pobreza, en estas circunstancias esa insistencia debe redoblarse. Solamente con una educación de calidad que permita acceder a la tecnología en todas sus formas para desarrollar un trabajo digno que ayude a satisfacer las necesidades básicas de las personas, estaremos en condiciones de lograr esas “adaptaciones rápidas y exitosas”.

Estos cambios serán inevitables en todas las áreas: la medicina, la banca, el manejo de los dineros y bienes públicos y personales, las compras de alimentos y artículos necesarios para el hogar, el transporte, las formas de enseñanza sin asistir a las aulas que conocemos, el trabajo en las fábricas, y hasta la formas de producción en todas sus expresiones: agro, industria, etc. Nuestra responsabilidad es incorporarnos a ese mundo sin perder nuestra sensibilidad, nuestros sentimientos, nuestros valores esenciales: el amor, la solidaridad, la justicia y la capacidad de amar y sentirnos amados. Y manteniendo un profundo respeto por nosotros y por nuestros semejantes, cuidándonos y cuidándolos.

La imagen del mensaje del Papa Francisco con una plaza totalmente vacía, las celebraciones de Semana Santa vía internet, con iglesias sin fieles, son apenas algunas muestras que debemos tener en cuenta para comenzar a comprender la magnitud del problema y el desafío que tenemos por delante.

Tal vez, tendremos que acostumbrarnos a ir sustituyendo esas expresiones tan típicas nuestras del amor y la amistad como el abrazo, el beso en la mejilla o la estrechez de manos, por otras no menos expresivas como una inclinación respetuosa al estilo oriental. Claro, nos costará. Pero también pondremos en juego toda la imaginación, la capacidad creativa y nuestro espíritu audaz para que dentro de algunos cientos de años esta realidad sea solamente un recuerdo.

Con la esperanza intacta y nuestras capacidades puestas en lograr reorientar rápidamente nuestras vidas, sobre todo en el ámbito laboral en el cual generamos nuestro diario sustento, nos viene a la mente una frase incorporada a una de las tantas canciones de los famosos Rolling Stones: “No siempre puedes obtener lo que quieres, pero si lo intentas a veces obtienes lo que necesitas“.

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