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Educar con valores

Por Jorge Gort

Los educadores de la YMCA/Asociación Cristiana de Jóvenes nos preguntamos cómo vivir el aislamiento social obligatorio y la continuidad pedagógica desde nuestros valores: amor, paz, justicia y solidaridad.

Sin duda es éste el gran desvelo de nuestras reflexiones  porque no entendemos nuestra tarea como la simple transmisión de contenidos y la reproducción de formatos pedagógicos estandarizados; sino por el contrario, como un vínculo personal y afectivo que posibilita la transformación del sujeto que es el aprendizaje.

Cumplir con las directivas de las autoridades educativas de cada distrito es parte de nuestra obligación profesional. Pero simplemente eso no agota nuestra responsabilidad moral a la que entendemos como el gran desafío de acompañar a nuestros docentes, estudiantes, niños, niñas y adolescentes, y familias en estas atroces circunstancias que también por inéditas nos mantienen perplejos por igual.

Como adultos, tenemos el mandato amoroso de ser figuras de amparo, protección, tranquilidad y seguridad de los más necesitados en general y de los más jóvenes y pequeños, en particular.

Desde hace varias décadas las ciencias sociales se vienen preguntando acerca de los valores que organizan el orden social mundial, la noción de  verdad o verdades, la planificación de los destinos y trayectorias de los ciudadanos y ciudadanas en las instituciones en cada etapa del desarrollo, entre otras muchas categorías científicas que se pusieron en cuestión.

Como una anomalía en la planificación o un meteorito irrumpió en la realidad este grito de la naturaleza que nos pone en jaque.

Seguramente, nada será lo mismo luego. Pero ¿Cómo respondemos ahora desde el amor, la justicia, la paz y la solidaridad a los acontecimientos que se nos presentan en las escuelas?

Con estos interrogantes es que estamos llevando adelante nuestro rol pedagógico, facilitando intercambios de "tareas" que promuevan la proximidad afectiva, la reflexión sobre lo que sucede, la puesta en común sobre las ansiedades, temores y vicisitudes de cada una de las personas que nos encontramos en la comunidad educativa.

Por otro lado, en el uso de las redes sociales que nos mantienen en comunicación virtual con padres y madres, escuchamos las condiciones tecnológicas y materiales en las que se está dando la convivencia familiar, para ser justos y solidarios en cada circunstancia particular.

Es por ese canal que también orientamos sobre algunos aspectos puntuales de cuidado emocional de niñas, niños y adolescentes.

Por ejemplo, la necesidad de "mediatizar" los contenidos noticiosos que se consumen en el hogar. Niños, niñas y adolescentes resignifican las noticias por las impresiones y reacciones que perciben de los adultos más que los contenidos en sí.

Así es que suelen experimentar sensaciones de angustia, ansiedad o miedo, generalmente inconsciente y que por lo tanto no son puestos de manifiesto como tales. Insistimos entonces en controlar la alta exposición a noticieros o los abundantes y descarnados comentarios sobre la actualidad en presencia de ellos. También sugerimos estar atentos a las alteraciones del sueño, alimenticias, del humor y las modalidades del juego.

Otra de las propuestas a las familias es la de mantener horarios y rutinas estables contemplando las posibilidades de cada hogar.  Propiciamos una organización cotidiana que incluya momentos de juegos, relatos de cuentos, anécdotas o historias familiares, tareas escolares, trabajo hogareño de los padres, distribución equitativa de las tareas de la casa y tiempos de canto, danza o yoga, o alguna actividad física de las que recomienda la YMCA.

No es menor la necesidad que tenemos todas las personas de cualquier edad, de tener espacios de soledad y silencio en nuestra rutina diaria, por eso quizá sea éste el más desafiante de los momentos que, por saludable, no deberíamos obviar.

Como YMCA/Asociación Cristiana de Jóvenes, estamos librando esta batalla haciendo uso de las herramientas con las que contamos: nuestros Valores del Reino, nuestros saberes profesionales y lo mejor de nuestra condición humana. Porque son tiempos difíciles y es en ellos donde se ve quién es quién y qué está dispuesto a dar en el  servicio a los demás.

Ojalá que nos sintamos protegidos por un abrazo común que nos lleve juntos y de la mano, hasta aquel preciado día en que volvamos a mirar al cielo, para saludarnos en la mañana.

 

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