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Recreación en aislamiento

Por Luis Zamar 

Recrearnos es algo más que una opción en estos momentos de cuarentena. Por ello nos pareció propicio ocuparnos de su figura “estrella”: el juego, y con él, los juegos tradicionales. Esos que se vienen transmitiendo de generación en generación a través de la palabra o del jugar con los abuelos, tíos, amigos, etc 

Seguramente con el impuesto aislamiento social, preventivo y obligatorio, ellos tendrán en casa más tiempo disponible. Por otro lado, abocarnos a mencionar entretenimientos rescatados on line de infinitos link que los proveen, podría ser reiterativo para algunos.

Para esta categoría de juegos, solo será necesario el empleo del propio cuerpo o de recursos que se pueden obtener fácilmente de la naturaleza (piedras, ramas, tierra, flores, etc.), u objetos domésticos como botones, hilos, cuerdas, tablas, etc. Y por supuesto, alegría e “intentar ser  de otro modo que en la vida corriente".

¿Te animarías a contarle a tus hijos nietos sobrinos, algunos de ellos?

¿O al revés, si no los conoces, preguntarles  para que te los enseñen?

Acá van algunos de ellos: a varios te lo contamos en pasado, pero siguen siendo actuales.

 

El juego de las bolitas o conocidas por los demás, como las canicas.

Las bolitas eran de distintos colores y regularmente de vidrio aunque también las había de cerámica y aún de barro. Referente al tamaño nos encontrábamos con diversas variedades: las más pequeñas Piojos o Pininas, las medianas que podían subdividirse en Lecheritas, generalmente azul y blanca, o las Chinas o Japonesas que eran translúcidas, y las más grandes los Bolones.

Para jugarlo se necesitaba un hoyo, bolitas, una superficie regular y una línea de lanzamiento (acorde al espacio disponible). El objetivo del juego, era quedarse con las bolitas de los contrincantes.

Comenzaba estando los jugadores detrás de una línea de inicio y tirando sus bolitas apuntándole al hoyo. El que más próximo a él se colocaba, sería el primero de la etapa siguiente (y así sucesivamente) y elegir entre tratar de embocar el hoyo, o directamente apuntarle a otra bolita (pero que se “cobraba” las bolitas “tiñadas o quemadas”, cuando su autor hacía hoyo). “El quemado” debía pagar, en el momento que correspondía, con una bolita y quedaba fuera del juego.

La manera correcta de mover la bolita era impulsarla con el pulgar y el índice de la mano. Ahh, si alguien embocaba en el primer tiro, se quedaba con las bolitas del resto y el juego volvía a comenzar.

 

Las sillas musicales o el juego de la silla

Consistía en ubicar sillas en una habitación, respaldo con respaldo. La cantidad de sillas que se ponían eran proporcionales a la cantidad de participantes, menos uno. Es decir, en el transcurso del juego, siempre debía haber una silla menos que el número de participantes.

Generalmente se colocaba una música de fondo mientras los jugadores se movían en ronda bailando alrededor de las sillas. De golpe, se detenía el sonido y los participantes debían ocupar una silla inmediatamente.

El participante que quedaba sin lugar, quedaba descalificado. Se quitaba otra silla y se continuaba el juego. Así sucesivamente hasta que quedaba solo el vencedor.

 

TaTeTi o Tres Líneas   

Llamado típicamente por los argentinos como Ta te ti

Era un juego para dos personas, con fácil requisito de materiales: un papel u otro material como tablero, donde se dibujaba un cuadrado y en su interior, un centro por el cual pasaban dos diagonales que unían los cuatro ángulos del cuadrado, una horizontal que unía los dos lados paralelos verticales y otra vertical que unía los dos horizontales, más tres fichas (bollitos de papel, porotos, etc.) para cada jugador. Los puntos de unión de cada línea, se marcaba como casillero.

Cada participante debía colocar una ficha por turno en cada casillero vacío, intentando completar tres casilleros simultáneos en la misma línea, ya sea vertical, horizontal o diagonal y siempre siguiendo una línea. Una vez colocadas las 6 fichas en el tablero y sin vencedor, cada jugador podía mover las suyas una por vez, hasta lograr el objetivo.


Martín Pescador 

Este juego forma parte del folclore argentino, influido en gran medida por las tradiciones españolas. Precisamente en España este juego es conocido como 'Pase misí, pase misá', un pasatiempo que ha ido quedando en desuso pero que sin embargo, todavía hay niños que juegan, especialmente, en el recreo escolar.

Es muy sencillo: dos niños se sitúan uno frente al otro formando un puente con sus brazos. Uno de ellos deberá ser Chocolate y el otro Dulce de leche. El resto formará una fila e intentará pasar por el puente diciendo “Martín Pescador, me deja pasar “a lo cual se responde: “pasará pasará, pero el último quedará. Cuando esto sucede,  el niño que quedaba en el puente deberá elegir con quién quedarse para formar equipo. Cuando todos los niños hayan sido capturados, los dos bandos tirarán de una cuerda para decir quién será el ganador.

 

 El tira y afloja (sin cuerda)

Uno de los juegos infantiles más divertidos. Sus reglas eran muy sencillas y con sólo tres personas era suficiente para poder jugarlo. Uno de ellos se situaba en el centro como juez, mientras que los otros, dos debían sostener el extremo de una toalla o servilleta grande de tela. El del centro cantaba la siguiente canción: “al tira y afloja perdí mi dedal, al tira y afloja lo volví a encontrar”; y luego “Tira” (los chicos debían tirar del extremo de la soga, sin mucha tensión), o “Afloja” (los chicos debían aflojar, quedando el elemento flojo). El que fallaba debía quitarse una prenda. Al llegar a cinco, perdía. Para hacerlo más divertido, el juez aumentaba el ritmo de la canción o en forma aleatoria.

 

El gran bonete

Muchos recordarán haber jugado al 'Gran Bonete' durante su infancia. Este juego requiere concentración y astucia por parte de sus participantes, quienes deberán sentarse formando un círculo y en el centro estará el que haga de Gran Bonete. Cada participante tendrá asignado un color. El juego dará comienzo cuando el Gran Bonete recite la siguiente frase: 'Al Gran Bonete se le ha perdido un pajarillo y dice que el Negro lo tiene' (señalando a cualquiera de los participantes, tenga el color asignado  o no, para tratar de confundirlo).Si el participante con el color negro está atento deberá responder: ¿Yo, señor?, responde el Gran Bonete, Sí señor, a lo cual el Negro refuta, No, señor. GB, pues entonces quién lo tiene?, el Negro indica, ¡el Verde! El niño que conteste sin tener el color mencionado anotará una prenda y cuando acumule tres tendrá que pagar una penitencia. El Gran Bonete, retoma el inicio cada vez que alguien pierde.

 

Payana

 Comúnmente se juega con cinco piezas (piedras, dados o carozos), existiendo distintas variantes y dificultades. Elegimos una estándar.

Se comienza agarrando los cinco elementos (piedras) con una mano y lanzándolas para arriba y recogiéndolas al vuelo en su caída con la palma de la mano hacia abajo, sin que caigan. Se repite la operación dejando caer cuatro y quedándose con una en el dorso de la mano, se la impulsa hacia arriba y se trata de recoger las otras, sin perder la que cae. Y así sucesivamente, tiro todas, me quedo con 2 en el dorso de la mano, vuelvo a tirar y agarro el resto, etc. Cada vez que se pierde, se vuelve a continuar desde donde se había quedado. Sobre sobre su finalización, hay variables: el juego puede finalizar al tirar todas, quedarse en la palma con cuatro, volver a tirar y agarrarlas todas, o agregarle dificultades. Por ejemplo el Puentecito: con una mano se forma un puente apoyando el índice y el pulgar en el suelo. Con la otra mano se tiran las cinco piedritas al aire y se trata de que caigan sobre el dorso de la mano para luego dispersarlas lo menos posible en el suelo, cerca del puente. A partir de allí, se debe tirar una de las piedras al aire y antes de que caiga en el dorso de la mano, intentar introducir en el puente una de las piedras estacionadas en el piso. Así hasta completar las cuatro. Si la piedra lanzada al aire, cae al suelo, o se erra la que se trataba de meter en el puente, finaliza la participación. Gana quien logra meter más piedras en el puente.

Antón Pirulero

No necesita material alguno para jugarse, ya que se utilizan movimientos corporales. Idealmente el número de participantes no debería ser menor a cuatro.

Los niños deben disponerse en forma de rueda, para posibilitar una visión total del grupo. Uno de los participantes dispondrá el papel de Antón Pirulero, el resto debe elegir un instrumento de música imaginario y hacer como si lo tocara, u otro gesto corporal

Iniciando el juego, mientras cada niño hace su parte imaginaria, Antón Pirulero, solo se da golpecitos suaves en el mentón con puño derecho, mientras canta “Antón, Antón Antón Pirulero, cada cual, cada cual atienda a su juego, y el que no, y el que no, una prenda tendrá.

Antón, Antón...

En cualquier momento Antón deja de golpearse en el mentón y súbitamente, sin dejar de cantar, empieza a tocar el instrumento que está tocando uno de los participantes. En ese momento el jugador que estaba tocando el instrumento que ahora toca Antón Pirulero, tiene que dejar de tocarlo y comenzar a darse golpecitos en el mentón.

Si no lo hace porque no estaba atento al juego o porque se confunde al hacer el cambio, pierde y debe pagar una prenda (la versión corta del juego, opta por eliminar a los que pierden).

Rondas infantiles

Las rondas infantiles son juegos colectivos de los niños que se transmiten por tradición. Se cantan con rimas y haciendo rondas en movimiento. En su mayoría, han sido originarias de España y se han extendido por Latinoamérica. Serán muy pocas las personas que no hayan participado en alguna ronda como “Sobre el puente de Avignón”, “Buenos días Su Señoría, Mantantiru-Liru-lá”, “Mambrú se fue a la guerra”, “Aserrín, Aserrán”, entre otras. “La farolera”, “La paloma blanca”, “¿El lobo está?”, “El huevo podrido”, etc. ¿Nos animamos a compartir en familia, aunque sea solo una?

En fin, son tantos, tan simples y tan económicos los entretenimientos de antaño, que merecen desempolvarse y compartirlos.

 

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