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La primera vacuna

Por José Selles-Martínez (*)

Homenaje a quienes padecieron la viruela y a quienes, desde distintos lugares y en diferentes épocas y geografías, se propusieron y lograron su control y erradicación.

(Parte “A”)

"Para observar mejor cómo evolucionaba la infección, inoculé la viruela vacuna a un niño sano de ocho años. La vacuna procedía de una pústula del brazo de una ordeñadora, a quien había contagiado la vaca de su señor. El 14 de mayo de 1796 se la inyecté al niño a través de dos cortes superficiales en el brazo, cada uno de los cuales tenía la anchura de un pulgar.    

El séptimo día se quejó de pesadez en el hombro; el noveno, perdió el apetito, tuvo algo de frío y un ligero dolor de cabeza; durante todo el día se encontró enfermo y pasó la noche inquieto, pero al día siguiente volvió a encontrarse bien. La zona de los cortes evolucionaba hacia la fase de supuración, ofreciendo exactamente el mismo aspecto que adquiere la materia virulosa. Para cerciorarme de que el niño, levemente infectado por la viruela vacuna, había quedado realmente inmunizado contra la viruela humana, el 1 de julio le inyecté materia virulosa que había extraído con anterioridad de una pústula humana. Se la apliqué profusamente mediante varios cortes y punturas, pero no dio lugar a ningún ataque de viruela. En los brazos aparecieron los mismos síntomas que provocan las sustancias virulosas en los niños que han sufrido variola o viruela vacuna. Al cabo de unos meses, le volví a inocular materia virulosa, que en esta ocasión no produjo ningún efecto visible en el cuerpo".

Este breve relato del médico inglés Edward Jenner (1749-1823) describe uno de los hechos más trascendentes en la historia de la salud humana, un punto de inflexión a partir del cual nada volvería a ser igual y, como resultado del cual, millones de personas en todo el mundo han podido superar inmunes el flagelo de la viruela hasta lograr su erradicación en la segunda mitad del siglo XX.

La viruela

Desde el punto de vista epidemiológico la viruela ha sido una de las enfermedades más importantes, ya que no sólo ostentaba una muy alta tasa de letalidad (hasta un 30% de casos y aún mayor en la población infantil), sino que quienes sobrevivían a ella conservaban las cicatrices causadas por las pústulas y en algunos casos, llegaba a producir la ceguera. Muchos personajes históricos fallecieron a causa de la enfermedad, incluyéndose en la lista a Ramsés V, que vivió en el siglo XII a.C. durante un período que constituye el registro más antiguo de epidemia de viruela, al emperador japonés Go-Komyo (1633-1654), el mexica Cuitlahuac (1476-1520), hermano y sucesor de Moctezuma, que sólo pudo reinar 80 días, a María II de Inglaterra (1662-1694) y al penúltimo Inca, Huayna Capac (1467-1525).

“El Emperador Go-Komyo”. Pintura sobre seda de Otagi Michitomi. Siglo XVII (Templo Sennyū-ji, Kyoto) https://es.wikipedia.org/wiki/Go-K%C5%8Dmy%C5%8D_Tenn%C5%8D

Otros personajes históricos conservaron para siempre las marcas de la enfermedad; entre los que puede mencionarse a la reina Isabel I de Inglaterra (1533-1603), quién contrajo la enfermedad en 1562 (cuando tenía 29 años) y adoptó la costumbre de utilizar un maquillaje blanco a base de plomo para ocultar las marcas en su rostro. Esta “máscara” blanca, con el que aparece retratada a partir de entonces, puede apreciarse en el óleo de autor anónimo realizado alrededor de 1675, cuando la reina tenía 42 años y en otros retratos de ella realizados con posterioridad a su contagio

“Isabel I de Inglaterra”. Óleo sobre tabla de autor anónimo. Ca. 1575. (National Portrait Gallery of London) https://en.wikipedia.org/wiki/Portraiture_of_Elizabeth_I#/media/File:Darnley_stage_3.jpg

Luis XV (1710-1774), heredó el trono de Francia a los cuatro años al producirse la muerte de su bisabuelo Luis XIV en el año 1714, debido a que el sarampión y la viruela habían hecho estragos en la línea dinástica, falleciendo él también de esta enfermedad. La presencia de nombres como W. A. Mozart (1756-1791) y  L. van Beethoven (1770-1827) entre los músicos o A. Lincoln (1809-1865) y J. Stalin (1878-1953) entre los políticos, junto a los mencionados previamente, dan testimonio de la presencia constante de la viruela en todas las épocas, las geografías y las clases sociales. Se ha estimado que, hacia fines del siglo XVIII, casi una duodécima parte de la población europea fallecía anualmente por esta causa y su incidencia y su aparición eran tan frecuentes que se menciona el caso de que en determinadas regiones no se daba nombre a los niños hasta que sobrevivieran a la viruela. La asiduidad y contagiosidad de la enfermedad dio también ocasión para que surgiera el dicho popular “Del amor y la viruela pocos se salvan”.

 

Si bien afectó con intensidad a casi todo el mundo, parece haber sido desconocida en América antes de la llegada de los europeos por lo que, dada la ausencia de individuos previamente inmunizados, causó enorme mortandad entre las poblaciones nativas. En Oriente se identificaba a la viruela con un demonio o divinidad que la causaba y se construían altares y se ofrecían ofrendas para que no afectara a los miembros de la familia. El grabado en madera (coloreado en dos versiones diferentes) que muestra al samurai Minamoto-no-Tametomo (1139-1170), famoso por su habilidad con el arco, derrotando al demonio de la viruela es obra de Tsukioka Yoshitosh (1839-1892), el último gran maestro del arte japonés del grabado en madera (denominado ukiyo-e) y forma parte de la serie Nuevas formas de treinta y seis fantasmas, realizada entre 1889 y 1892.   

“Minamoto no Tametomo derrota al demonio de la viruela”. Grabado en madera por T. Yoshitoshi. Ca. 1890. a) https://fineartamerica.com/featured/minamoto-no-tametomo-punishes-smallpox-science-source.html b) https://en.wikipedia.org/wiki/Minamoto_no_Tametomo#/media/File:Yoshitoshi_Driving_away_the_Demons.jpg

Una temática afín se presenta en el grabado en madera coloreado realizado hacia 1852 por Utagawa Yoshikazu (activo entre 1850 y 1870) que representa al héroe Chinsei Hachiro Tametomo ahuyentando al demonio de la viruela de la isla de Oshima.

“Tametomo ahuyenta al demonio de la viruela de la isla de Oshima”. Grabado en madera coloreado. Obra de Yoshikazu. Ca. 1852. (Wellcome Collection) https://wellcomecollection.org/works/q2txgfb6

Así como los hititas se quejaban de que los egipcios habrían contagiado exprofeso sus tropas con una enfermedad y como la peste del 1348 habría sido contagiada a los defensores europeos de Jaffa por los mongoles que, diezmadas sus tropas por la epidemia, habrían arrojado los cadáveres infectados por sobre las murallas de la ciudad, otro episodio de “guerra bacteriológica” se asocia a la viruela. En este caso, ocurrido en 1763 en la región de los Grandes Lagos de América del Norte, los oficiales ingleses “regalaron” a los indígenas que se habían sublevado contra los colonos, mantas provenientes del hospital donde se atendía a los enfermos de viruela en Fort Pitt (actual Pittsburgh). Esta acción se encuentra documentada en la correspondencia de sus principales ejecutores. El grabado inserto en el libro “An historical account of the expeditions against the Ohio Indians, in the year 1764…” publicado en Londres en el año 1765, reproduce un encuentro entre el Coronel Henry Bouquert (1719-1765), mercenario suizo al servicio de las tropas inglesas (y uno de los implicados en la infame acción), y los indígenas, en un episodio que tuvo lugar en el marco de este conflicto bélico. El autor del dibujo es Benjamín West (1738-1820), un reputado artista de origen americano, y el grabador Charles Grignion (1721-1810).

Así como los hititas se quejaban de que los egipcios habrían contagiado exprofeso sus tropas con una enfermedad y como la peste del 1348 habría sido contagiada a los defensores europeos de Jaffa por los mongoles que, diezmadas sus tropas por la epidemia, habrían arrojado los cadáveres infectados por sobre las murallas de la ciudad, otro episodio de “guerra bacteriológica” se asocia a la viruela. En este caso, ocurrido en 1763 en la región de los Grandes Lagos de América del Norte, los oficiales ingleses “regalaron” a los indígenas que se habían sublevado contra los colonos, mantas provenientes del hospital donde se atendía a los enfermos de viruela en Fort Pitt (actual Pittsburgh). Esta acción se encuentra documentada en la correspondencia de sus principales ejecutores. El grabado inserto en el libro “An historical account of the expeditions against the Ohio Indians, in the year 1764…” publicado en Londres en el año 1765, reproduce un encuentro entre el Coronel Henry Bouquert (1719-1765), mercenario suizo al servicio de las tropas inglesas (y uno de los implicados en la infame acción), y los indígenas, en un episodio que tuvo lugar en el marco de este conflicto bélico. El autor del dibujo es Benjamín West (1738-1820), un reputado artista de origen americano, y el grabador Charles Grignion (1721-1810).

“Parlamento de los indios con el Coronel Bouquet….” Versiones en blanco y negro y coloreada del dibujo de B. West grabado por C. Grignion publicado en Londres en 1765. https://tile.loc.gov/storage-services/service/pnp/pga/10800/10838r.jpg

La variolización, una práctica cuyos orígenes se pierden en las brumas orientales

Originado en el Lejano Oriente, el procedimiento llamado “variolización”, que consistía en inocular material  proveniente de las pústulas de individuos enfermos en individuos sanos, se habría practicado en la India con anterioridad al siglo VIII y en China, ya en el siglo X, aunque los registros documentales son muy posteriores. Los manchúes, al momento de controlar el imperio chino, son atacados severamente por la viruela, enfermedad que prácticamente desconocían, y el mismísimo emperador Shunzhi (1643-1661) fallece por culpa de esta enfermedad, siendo sucedido en el trono por su hijo Xuanye  (1654-1722), quién es elegido porque la había padecido pero sobrevivió a ella.

“El emperador Shunzhi”. Autor anónimo. Siglo XVII. (Museo del Palacio de Beijing) https://es.wikipedia.org/wiki/Shunzhi

En una enciclopedia médica, el “Espejo dorado del aprendizaje de la medicina” impresa en el año 1742 por orden imperial, se ilustran profusamente los efectos de la enfermedad y se describen los diferentes métodos utilizados para promover la inmunización: poner a los sanos en contacto con ropa de enfermos, inocular pus fresco e inocular costras disecadas. Uno de los métodos de inoculación consistía en insuflar el polvo de las costras en la nariz del individuo con un tubo delgado, de modo que ingresara en el sistema respiratorio.

Imágenes provenientes de una obra china acerca de la vacunación. Siglo XVIII. https://foreignpolicy.com/2020/07/04/smallpox-plague-china-medical-empire-artifact/
Ilustración de comienzos del siglo XIX que representa a una niña china infectada de viruela que sostiene en su mano una rama de coral como amuleto para la cura. http://xsierrav.blogspot.com/2015/07/viruela.html
En Europa, el procedimiento denominado “comprar la viruela” era conocido y practicado por comunidades rurales en distintas áreas y existen registros documentales de ello en el siglo XVII. Consistía en poner a los niños sanos en contacto con enfermos leves, para que se contagiaran, práctica muy similar a una de las utilizadas en China descriptas en párrafos anteriores. En el año 1700 se presentan en la Royal Society de Londres sendos informes acerca de la inoculación practicada en China, pero sin ninguna trascendencia práctica. Lo mismo ocurrirá con otros informes que son presentados con posterioridad por dos médicos que ejercían en Estambul, Giacomo Pylarini (1659-1718) y Emmanuel Timoni (1670-1718). Estos informes se referían a la técnica practicada en el imperio otomano, que producía cerca de un 10% de casos fatales (aunque las cifras varían según distintos autores).  Por esa razón y por otros prejuicios no fue bien recibida en principio; su popularización fue consecuencia de la acción de Lady Montagu, de quien se ocupan los próximos párrafos.
 
Lady Montagu, una mujer que no esperó al siglo XX para empoderarse
Mary Pierrepoint (1689-1762) fue una aristócrata inglesa que llevó una vida muy independiente y desacomplejada para su época. Recién casada, contrae la viruela en 1715 y, aunque sobrevive, pierde sus pestañas y queda con marcas en el rostro. Poco después, en 1717, su esposo Edward Wortley Montagu (1678-1761), es nombrado embajador británico en Constantinopla (actualmente Estambul) y Mary tiene oportunidad de conocer allí una costumbre que llama su atención y describe en una de sus cartas del siguiente modo: “La viruela, tan fatal y frecuente entre nosotros, aquí es totalmente inofensiva gracias al descubrimiento de la inoculación, (así es como la llaman). Existe un grupo de mujeres ancianas especializadas en esta operación. Cada otoño, en el mes de septiembre, que es cuando el calor se apacigua, las personas se consultan unas a otras para saber quién de entre ellos está dispuesto a tener la viruela. Con este propósito forman grupos y cuando se han reunido (habitualmente unos quince o dieciséis), la anciana acude con una cáscara de nuez llena de la mejor materia variolosa. Pregunta qué vena se ha elegido. Pincha rápidamente con una aguja gruesa en la que se le presenta (esto no produce más dolor que un vulgar rasguño) e introduce en la vena tanto veneno como cabe en la punta de la aguja y, después tapa la pequeña herida con un pedazo de la cáscara vacía; pincha de la misma manera cuatro o cinco venas. Los niños o jóvenes pacientes juegan juntos durante el resto del día y se encuentran en perfecta salud hasta el octavo día. Entonces comienza a subirles la fiebre y guardan cama durante dos días, rara vez tres Excepcionalmente, les salen veinte o treinta pústulas en la cara, que nunca dejan marcas, y en ocho días están tan repuestos como antes de padecer la enfermedad… No se conoce ejemplo de alguien que haya muerto por ello y puede creer que la experiencia me parece tan inofensiva, que tengo la intención de ensayarla en mi querido hijo”. El hecho de haber muerto su hermano de viruela y haber quedado ella misma con el rosto severamente marcado por la enfermedad con toda seguridad determinó a Lady Montagu a someter a la variolización a su hijo Edward, de cinco años, quién fue inoculado por Charles Maitland (1668-1748), médico adjunto de la embajada británica. Su ejemplo fue seguido por otros occidentales que estaban en ese momento en la ciudad. Lady Montagu se propuso, además, llevar la técnica a Europa a su regreso. La frase “Soy lo bastante patriota para tomarme la molestia de llevar esta útil invención a Inglaterra y tratar de imponerla” es lo suficientemente clara al respecto. Lo cierto es que así lo hizo y, ante un rebrote de la enfermedad que se produjo en Inglaterra en 1721 (y no sin una terrible oposición por parte de gran parte de la sociedad, incluidos los médicos), inició una fuerte campaña a favor de la variolización, inoculando también a su pequeña hija Mary de 4 años, procedimiento que estuvo nuevamente a cargo del Dr. Maitland, quién también había regresado a Inglaterra. El óleo atribuido a Jean Baptiste Van Mour  (1671-1737) muestra a Lady Montagu y su hijo durante su estancia en la capital del imperio otomano.
“Lady Mary Wortley Montagu con su hijo y asistentes”. Óleo sobre tela atribuido a J. B. Vanmour. Ca. 1717. (National Portrait Gallery, Londres) https://www.npg.org.uk/collections/search/person/mp03137/lady-mary-wortley-montagu
Como paso previo a su aprobación, la técnica fue inicialmente experimentada en seis condenados a muerte que “no habían sufrido de viruelas”, a quienes se le prometió el indulto a cambio de prestarse a la experiencia. Unas tres semanas luego de haber sido inoculados los condenados fueron puestos en contacto con un niño infectado y ninguno contrajo la enfermedad. También se realizó una experiencia exitosa con niños de un orfanato. En vista de ello se autorizó a Maitland a aplicar el procedimiento. El hecho de que Carolina de Gales (1683-1737), esposa del futuro rey Jorge II de Gran Bretaña (1683-1760), apoyara la  iniciativa inoculando a sus hijas Amelia y Carolina en el año 1722, fue sin duda muy favorable para su campaña. A pesar del éxito obtenido, la oposición académica, popular e incluso de la iglesia (que calificó el procedimiento de herejía musulmana) fue intensa. Como ocurriría no mucho después con la vacuna, cada muerte que esta técnica provocaba era dramáticamente contada una y mil veces, ignorándose las que evitaba. El proceso mejoró cuando se comenzaron a emplear pústulas secas de los mismos variolizados y no de los enfermos como se hacía inicialmente. Se calcula que la inoculación producía la muerte a un 2-3% de los pacientes a los que se introducía la viruela, frente al 30% de letalidad entre quienes no habían sido inmunizados. Entre las víctimas de la variolización se encuentran los dos hijos de Jorge III (1760-1800) que fallecieron como consecuencia de ésta, pero puede reflexionarse que, con toda probabilidad, también habrían fallecido al contraer la enfermedad en algún momento e  independientemente del intento de inmunización. Los estragos que la viruela había provocado en algunas casas reinantes de Europa, como ya se ha comentado, hizo que muchos soberanos recurrieran a la variolización para prevenir males mayores. Pueden citarse  entre ellos a Teresa de Austria que se inoculó junto con sus hijos y nietos, a Federico  II de Prusia, a Luis XVI y sus hijos y a la emperatriz Catalina II de Rusia y su  hijo.
 
Finalmente, la aparición de la vacuna a fines del siglo XVIII, enviaría la variolización y las discusiones en torno a ella a la historia de la medicina… e inauguraría su propia saga.
 
El desarrollo de la vacuna
Como ocurre siempre en el mundo de la ciencia, nada surge de la nada. Es el ejercicio permanente de una actitud científica (que consiste en observar, relacionar, razonar, deducir, experimentar, analizar los resultados y sacar conclusiones, en un ciclo que puede tener tantas iteraciones como sean necesarias) lo que conduce a nuevos conocimientos. Este es también el caso de la aparición de la vacuna antivariólica, cuyo desarrollo (término más apropiado que descubrimiento) es consecuencia de la existencia previa del proceso de variolización y del ejercicio de la actitud científica frente al problema. Fue Edward Anthony Jenner (1749-1823), un médico rural británico, quién tomó en cuenta la observación popular de que las mujeres que trabajaban en el ordeñe de las vacas eran generalmente inmunes a la viruela. Jenner dedujo, y tomó como hipótesis de trabajo, que el pus de las pústulas de las vacas (que contenía el virus de la viruela bovina, enfermedad similar a la viruela pero mucho menos agresiva) les contagiaba la enfermedad durante su contacto con las ubres de las vacas infectadas y generaba la inmunización contra la forma más grave de la enfermedad. Conjeturó que la operación podía practicarse exprofeso para lograr la inmunización de un modo menos riesgoso que con la variolización y, en función de estas ideas, realizó la experiencia que se relata al inicio de esta contribución, obteniendo resultados satisfactorios.
 
El informe enviado por Jenner a la Royal Society en el año 1797 describiendo lo hecho y proponiendo el método de la vacuna fue rechazado por no contar con un número suficiente de casos (lo cual no era del todo errado). Esto llevó al autor a ampliar su experimentación y publicar, al año siguiente y por cuenta propia, el libro que lleva por largo título “An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae, a disease discovered in some of the western counties of England, particularly Gloucestershire and Known by the Name of Cow Pox”, en el que el autor adopta el nombre de “vaccination” (vacunación) para el proceso y en el que se describen varios casos acompañados con ilustraciones. 
Página del libro de E. Jenner “An inquiry…” publicado en Londres en 1998. https://www.pbagalleries.com/view-auctions/catalog/id/353/lot/108911/An-Inquiry-into-the-Causes-and-Effects-of-the-Variol-aelig-Vaccin-aelig-a-Disease-Discovered-in-some-of-the-Western-Counties-of-England-Particularly-Gloucestershire-and-Known-by-the-Name-of-the-Cow-Pox

Es interesante destacar que si bien la vacunación del pequeño James Phipps el 14 de Mayo de 1796 habría marcado el inicio del desarrollo de la vacuna y es la fecha que ha pasado a la historia, no era esta la primera vez que Jenner encaraba el tema. El grabado coloreado a la acuarela (sin fecha ni lugar de edición) realizado por Jean Claude Manigaud (1825-1893) sobre un original de Edouard Jean Conrad Hamman (1818-1889) titulado “Edward Jenner (1749-1823). La primera vacunación” representa la inoculación del propio hijo de Jenner (también llamado Edward) cuando contaba diez meses de edad, en el año 1790. El niño está sostenido por su madre y puede verse al ama, que acomoda la manga luego de habérsele extraído el pus. La vaca sostenida por un hombre, visible a través de la ventana, indicaría el origen de la infección del ama del niño, aunque se discute si el procedimiento habría sido una vacunación anticipada o una variolización. Más allá de esta discusión, llama la atención en el cuadro que Jenner se ocupara de este menester equipado con ropa de calle, botas de montar y calzando espuelas cuando se supone que está en su propio hogar…

“Edward Jenner (1749-1823) practica por primera vez la vacuna”. Grabado de C. Manigaud sobre un dibujo de E Hamman. (Wellcome Collection) https://wellcomecollection.org/works/b7d6yvdr
Muchos médicos de la época (incluida la Asociación Médica de Londres), se opusieron a la propuesta de Jenner, a veces con críticas violentas e incluso injuriosas. Los religiosos, si bien no podían aducir ahora que se trataba de una herejía musulmana como habían hecho con la variolización, si calificaron la nueva práctica como una acción anticristiana, que intentaba interponerse en los designios de Dios. A nivel popular se desarrollaron también intensas críticas. Se inician en ese momento los grupos antivacuna, que no han perdido vigencia hasta el presente y a los que se hará referencia en la próxima entrega de esta serie de notas.
 
A pesar de tanta oposición, los beneficios observables superaban a los perjuicios y permitieron, finalmente, superar los prejuicios. El método desarrollado por Jenner se propagó con gran rapidez. En poco más de cinco años se publicaron casi cincuenta obras al respecto, siendo la más completa de ellas el “Tratado Histórico y Práctico de la Vacuna”, escrito por Jacques Louis Moreau de la Sarthe (1771-1826) y publicado en Paris en 1801, tratado que fue rápidamente traducido a otros idiomas. La vacunación se extendió rápidamente por toda Europa y, como había ocurrido en su momento con la variolización, pasó rápidamente a América. En 1800, se realizó la primera vacunación, que estuvo a cargo de Benjamín Waterhouse (1754-1846), médico y profesor de la Universidad de Harvard, quién inoculó a sus propios hijos con la vacuna que le había enviado Jenner y logró el apoyo gubernamental para aplicar el método y oficializarlo en los Estados Unidos.
Grabado que muestra las ubres de una vaca infectada con viruela y las pústulas en los brazos de los vacunados. Procedente del libro “Trattato di vaccinazione con osservazioni sul giavardo e vajuolo pecorino”, escrito por Luigi Sacco (1769-1836) y publicado en Milán en 1811 https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Cowpox_Engraving.png

Existen numerosas obras que evocan la primera vacunación realizada por Jenner, muchas de ellas realizadas más de 100 años después, entrado ya el siglo XX, de las que se reproduce a continuación una selección. La más difundida es  “Edward Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años, el 14 de mayo de 1796”, óleo sobre tela de E. Board (1877-1934) realizada hacia 1910.

“Edward Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años, el 14 de mayo de 1796”. Óleo sobre tela de E. Board. Ca. 1910. (Wellcome Collection). https://wellcomecollection.org/works/nydcz5uy/images?id=jjcjzgku

En el óleo titulado “La primera vacunación de E. Jenner en 1796”, pintado en 1879 por Gastón Mélingue (1840-1914), el  episodio se desarrolla en otro escenario, esta vez al aire libre. El yugo que puede verse en el suelo se utilizaba para el transporte de los baldes de leche y recuerda la condición de ordeñadora de la mujer que se venda la mano y que ha suministrado el pus para el tratamiento.

“La primera vacunación de E. Jenner en 1796”. Óleo de G. Mélingue. 1879 (Académie Nationale de Médecine, Paris). https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Melingue_Jenner_peint.jpg

En el año 1960 la compañía farmacéutica Parke Davis encargó al artista Robert A Thom (1915-1979), una serie de ilustraciones para la obra “A History of Medicine in Pictures”, de la que forma parte “La erradicación de la viruela”.

“La erradicación de la viruela”. Pintura de R. A. Thom. 1960. https://collections.nlm.nih.gov/catalog/nlm:nlmuid-101651402-img

La litografía de Eugéne Ernest Hillemacher (1818-1887) titulada  “Edward Jenner vacunando a un niño”, realizada en 1884, evoca una escena de vacunación, pero ya no con el pequeño James como co-protagonista.

“Edward Jenner realizando sus primeras experiencias de vacunación”. Litografía. E. E. Hillemacher. 1884. (Wellcome Library) https://wellcomecollection.org/works/sgjyyd8y

Pero no sólo la vacunación a cargo de Jenner ha sido llevada al arte. Muchos cuadros realizados en el siglo XIX reproducen episodios de vacunación a cargo de otros profesionales de los cuales también se han seleccionado algunos como referencia. La obra de Constant-Joseph Desbordes (1761-1827) muestra al médico francés Jean Louis Alibert (1768-1837) practicando la vacunación. Desbordes es uno de los fundadores de la dermatología, disciplina que ejerció en el Hospital Saint-Louis, en Paris, y escribió dos obras referidas a sus observaciones durante la práctica hospitalaria y al planteo de una clasificación de las afecciones de la piel. Las vacas que pastan en el prado, al fondo de la composición, recuerdan el origen del procedimiento de inmunización.

“El Barón Jean Louis Alibert practicando la vacunación contra la viruela en el Castillo de Liancourt” Óleo sobre tela. C. J. Desbordes. (Museo de Asistencia Pública. Hospital de París). https://fr.wikipedia.org/wiki/Fichier:Vaccination_anti_variolique_vers_1820.jpg

 

La obra de Louis-Léopold Boilly (1761–1845) denominada “Un hombre vacunando a un niño sostenido por su madre y observado por los miembros de la familia” o simplemente “La vacunación” es un magnífico ejemplo del ambiente de expectación que debe haber rodeado en la época cada episodio de vacunación, sobre todo cuando se trataba de niños de corta edad.

“La Vacunación”. Óleo sobre tela. L. L. Boilly. 1807. (Wellcome Library, Londres). https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Louis_L%C3%A9opold_Boilly_-_L%27innoculation.jpg#/media/File:Oil_painting;_L.L._Boilly,_Vaccination_scene_Wellcome_L0023944.jpg

En la obra “Vacunación de niños contra la viruela” de Vicente Borrá y Abellá (1867-1945) pintada hacia 1898, el ambiente cambia radicalmente. La escena sale del ámbito hogareño en el que la familia es protagonista del evento y se traslada a un espacio público, posiblemente un hospital (obsérvense la botella de suero y la vitrina con instrumental sobre el borde izquierdo del cuadro). El artista muestra ahora un médico practicando la vacunación en un grupo de niños, acompañados sólo por sus madres. Si bien la obra pertenece al Museo del Prado, Madrid, se exhibe en el Museo Municipal de Málaga y, curiosamente, en su descripción oficial se menciona que en el primer plano “se distingue parcialmente un caballo utilizado para mantener activos los virus.”, cuando en realidad se trata de una vaquilla.

“Vacunación de niños contra la viruela”. Óleo sobre lienzo. V. Borrá y Abellá. 1898. (Museo del Prado, Madrid). https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/vacunacion-de-nios/5998ba6e-46df-4446-9196-d9328d291f8b

Con el paso del tiempo la vacunación se hizo obligatoria, práctica que se hizo aún más rigurosa al intensificarse los movimientos migratorios característicos de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX. Muchos medios de comunicación (revistas, periódicos) se hacen eco de estas actividades y reproducen escenas de la vacunación compulsiva de los migrantes. La ilustración titulada “Vacunando a los pobres” se asocia a la epidemia de 1872 en Nueva York y representa a un grupo de personas de diversos orígenes y escasos recursos, que observan con curiosidad cómo un joven, con su brazo tatuado, es inoculado por un miembro del cuerpo de sanidad en la Estación de Policía de la ciudad.

“Vacunando a los pobres, Epidemia de Viruela, 1872”. Sin atribución de fecha, autor ni origen. https://www.sciencephoto.com/media/776103/view/vaccinating-the-poor-smallpox-epidemic-1872

El influyente periódico neoyorkino Harper´s Weekly publicó a principios de 1883 un dibujo de William Allen Rogers (1854-1931) titulado “Servicio de  control de los inmigrantes” que ilustra a un médico inoculando a un niño en brazos de su madre a bordo del tren, mientras otro de los pasajeros observa con curiosidad la marca que le ha quedado en el brazo.

“Servicio de control de inmigrantes”. Dibujo de W. A. Rogers. Publicado en Harper's Weekly el 10 de Febrero de 1883. http://resource.nlm.nih.gov/101435470

En ocasión de la epidemia de viruela que afectó a Sidney en ese año, la ilustración publicada el 27 de Julio 1881 por el periódico Illustrated Australian News de Melbourne, cuyo título es “El temor de la viruela-precauciones fronterizas- ¿Alguno tiene viruela?” muestra a un guarda interrogando a los pasajeros. La misma imagen se publicó poco después, el 6 de agosto, en el periódico Sidney Mail, de esa ciudad, con el título “Escena en la Estación de Ferrocarril de Albury. ¿Viruela en este compartimento?”, circunstancia que permite suponer que ambos periódicos compartían parte de sus materiales, pero en ninguno de los dos casos se hace mención del autor del grabado.

Ilustración publicada en el periódico Illustrated Australian news. 27 de Julio de 1881. State Library, Victoria http://www.howtotalkaboutarthistory.com/art-history-101/the-art-history-of-pandemics/

El aumento de la población en las grandes ciudades y la aparición contínua de episodios epidémicos lleva a la construcción de hospitales de acuerdo a las normas de higiene y sanidad que se van imponiendo con fuerza en la segunda mitad del siglo XIX. “Sala en el Hospital de Viruela de Hampstead con pacientes y enfermeras” se publicó en 1871, en el periódico Illustrated London News y en él puede verse la importancia dada a la iluminación y la ventilación de las salas en un hospital construido en el área de Hampstead (Londres) con motivo de la epidemia de viruela del invierno de 1870-1871.

“Sala en el Hospital de Viruela de Hampstead”. Grabado en madera. The Illustrated London News, 1871. https://www.nationalarchives.gov.uk/wp-content/uploads/2019/08/ZPER-34_59-p345_1871-use-for-icon.jpg

El tono satírico que en siglos anteriores presentaban obras como “Los médicos de la Peste” es retomado también con el tema de la vacunación. Así lo atestiguan numerosos grabados coloreados muy populares durante el siglo XIX que reproducen diferentes escenas como alegorías del origen de la vacuna, las campañas itinerantes de vacunación o escenas de vacunación, siempre en tono de burla. Jean Louis Argaud de Barges (1768-1808) fue un dibujante e impresor que realizó numerosos grabados coloreados sobre el tema. En el titulado “La vacuna en lucha con la Facultad” simboliza la vacuna, representada por una vaca, combatiendo a quienes se oponían a ella, representados por un burro ataviado con ropas académicas.

“La vacuna luchando con la Facultad”. Aguafuerte coloreado. 1821. J. L. Argaud de Barges https://www.britishmuseum.org/collection/image/97709001

En la extensa colección de impresos del Barón Carl de Vinck (1859-1931), que es actualmente patrimonio del Gabinete de Estampas de la Biblioteca Nacional de Francia, existe mucho material referido a la vacunación. Dos aguafuertes, de las que no se cuenta con datos de autor ni fecha, presentan distintos aspectos del tema en tono satírico. En la titulada “El origen de la vacuna” puede verse como un personaje ofrece a otro el material raspado de las pústulas de la vaca, mientras un tercero inspecciona con una lupa el brazo de la lechera, que lleva sobre sus hombros el yugo utilizado para transportar los baldes de leche. No es claro el significado del barco que se hunde, pero sin duda debe hacer referencia a algún negocio que la vacuna llevaría a la quiebra. La lámina que lleva por título “La vacunación a la moda” contrasta por su espíritu burlón con las escenas de vacunación en el ámbito familiar que se han presentado unos párrafos más arriba. En ella, una mujer embarazada contempla emocionada, con  una mano apoyada sobre su corazón, como su hijo pequeño es vacunado por un médico algo estrafalario, mientras su ayudante distrae el niño con una marioneta.

“El origen de la Vacuna”. Estampa coloreada. Sin datos de fecha ni origen. Colección de Vinck. (Bibliothèque nationale de France) https://www.larecherche.fr/vaccins-sant%C3%A9/2-edward-jenner-et-la-vaccine-bovine
“La vacuna o la inoculación de moda”. Aguafuerte coloreado. Sin datos de fecha ni origen. )Colección de Vinck. Bibliothèque nationale de France). http://catalogue.bnf.fr/ark:/12148/cb415148852

En la estampa correspondientes a “La vacuna en viaje” se satiriza a los (¿falsos?) médicos que, a bordo de un carruaje, pregonan la llegada de la vacuna, anunciando que ellos la administran, así como muchas otras medicinas que se enumeran en el pliego que cuelga de la  mano del personaje de pie sobre el carruaje. El dibujante propone un juego de palabras entre “dindonner” que significa “engañar” y “dindon” que significa “pavo”, lo que explica la presencia de un pavo desplumado en las manos del personaje de la izquierda, sobre el carruaje, pronosticando que, probablemente, lo mismo le ocurra a los incautos que caigan en manos de los charlatanes. La versión en blanco y negro se ha modificado la escena del primer plano y se incorpora a otro personaje, que muestra otros grabados satíricos sobre el tema y que han sido también identificados en la colección de la Wallace Foundation.

“La vacuna de viaje”. Grabado coloreado y una versión similar en blanco y negro. Anónimo. Paris, Siglo XIX. a) https://iiif.wellcomecollection.org/image/V0011680.jpg/full/full/0/default.jpg b) http://whitney.med.yale.edu/gsdl/cgi-bin/library?c=prntdraw&a=d&d=DprntdrawprintBABFD
Puede verse, a través de la selección de imágenes presentada en este capítulo, cómo la iconografía relativa a la vacunación ha incorporado como escena principal la relación familiar con el médico y cómo, a lo largo del siglo XIX, la salud pública comienza a ser una de las actividades claves a desarrollar por el estado, que establece campañas de vacunación compulsiva y gratuita y construye hospitales con criterios sanitarios innovadores. Si bien sólo se han presentado un par de ejemplos al respecto, es importante señalar también la evolución producida en esta época en la ilustración médica, que ve sus tratados y manuales enriquecidos con muy detallados grabados coloreados.
En la próxima entrega (parte “B” del capítulo dedicado a la vacuna), se presentará la primera experiencia de vacunación masiva a nivel mundial, la denominada “Expedición Balmis”, encarada por el reino de España, los inicios de la práctica de variolización y vacunación en el Río de la Plata y, para completar el tema referido a la vacuna, se abordará también el desarrollo de los grupos antivacuna, tan antiguos como la vacuna misma y tan nefastamente presentes en la actualidad.
 
(*) José Sellés-Martínez es español, Doctor en Geología, Docente de la Universidad de Buenos Aires y socio de la YMCA desde 2016, así como miembro de su Club de Embajadores.
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