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Una oportunidad para el medioambiente

Por Carlos Salvo

En estos momentos de incertidumbre respecto del fin de la situación sanitaria global que la pandemia del COVID 19 nos tiene ya casi acostumbrados, me pregunto a diario: ¿Cuán grande es la tentación de volver a los viejos patrones de comportamiento una vez que la crisis actual haya terminado? Y una segunda gran interrogante: ¿Volveremos a los mismos lugares y con las mismas rutinas?, o como lo expresa con total claridad el economista post-crecimiento Niko Paech: ¿Volveremos a ser títeres de la dictadura del consumo?  Si esto ocurriese, NADA HABREMOS APRENDIDO.

Un importante número de prestigiosos científicos, con las mismas preocupaciones que esas que describí, están convencidos de que debemos utilizar la crisis de la pandemia del COVID-19 como una oportunidad para transformar nuestro mundo y probar nuevos caminos en bien de la naturaleza, lo cual es decir EN BIEN DEL PLANETA Y DE TODOS QUIENES LO HABITAMOS.

En artículos anteriores me referí a la necesidad de demostrar con hechos nuestra capacidad e inteligencia de seres racionales, para “adaptarnos con rapidez y éxito a situaciones nuevas”. Y ha quedado demostrado que la inmensa mayoría de los seres humanos están dispuestos a llevar adelante esos cambios rápidos, si se asegura el bien colectivo. En los primeros meses de la pandemia se expuso una gran solidaridad y aceptación de importantes restricciones a las libertades individuales, la libertad de hacer lo que se desea, con el fin de que el mal se pudiese controlar. Esto sería suficiente para darnos por lo menos la esperanza de que también estamos en condiciones de superar una amenaza mucho más grande como lo es la crisis climática que puede llevar al planeta a la destrucción, si actuamos con solidaridad comunitaria.

¡Salvemos al planeta! Pareciera ser la frase.

Creo que cambiar la actitud es fundamental. No sigamos todo el tiempo viendo en esta crisis sanitaria un obstáculo imposible de superar, que nos agobia, nos vuelve irascibles y no nos ayuda a superar la situación. Reconozcamos que la pandemia también ha cambiado nuestro entorno, que en muchos lugares el aire y el agua en regiones costeras son más limpias, y las emisiones globales de CO2 están mostrando una reducción histórica. Pero este efecto sólo será de corta duración. Incluso existe el riesgo de que alcancemos nuevos niveles récord después de la crisis. Ese efecto de "rebote" también se observó después de la crisis financiera de 2008/2009. Aprontemos el espíritu y actuemos en positivo, tratando de que la situación nos lleve a superar otros aspectos que también nos conducen inevitablemente al desastre, tal vez con muchísima más peligrosidad que el COVID 19.

No hay salvación de la economía, sin algo a cambio

“La crisis del coronavirus no resolverá la crisis climática por nosotros - ni nadie puede querer que lo haga, dado el sufrimiento humano que el virus ha traído consigo. Nosotros mismos somos capaces de reducir las emisiones de CO2. Tendremos que transformar radicalmente nuestra economía y forma de vida en los próximos años, si queremos alcanzar nuestros objetivos de limitar el calentamiento global a un máximo de dos grados centígrados.

Muchos expertos, como la investigadora de transformaciones Maja Göpel, dicen ahora que hay que alejarse de la doctrina del crecimiento. No debemos seguir definiendo nuestra economía únicamente en términos de producto interno bruto. En cambio, factores como el bienestar humano y nuestro impacto en el medioambiente deberían ser objeto de mayor consideración en el contexto de una reforma fiscal integral. En la práctica, esto significaría que en el futuro no se gravarían los beneficios de una empresa, sino el consumo de recursos”, según una nota publicada recientemente por medios masivos. Estamos de acuerdo. Le agregamos: “NO HABLEMOS MÁS DE CRECIMIENTO, HABLEMOS DE DESARROLLO INTEGRAL”

Y el exbanquero y economista ambiental Pavan Sukhdev va aún más lejos. Exige que en el futuro las empresas también muestren su huella ecológica en sus informes anuales. Cree que así muchas empresas actuarán más respetuosas con el medioambiente por iniciativa propia para evitar dar una mala imagen. Todo esto tiene sentido, y la crisis del coronavirus nos ha dado una palanca para implementar finalmente tales demandas. Sin reformas no debería haber dinero para salvar la economía. Punto. Dice otro informe al respecto: “Desafortunadamente, en este momento está sucediendo todo lo contrario. Como cuando hubo la crisis financiera, la UE ha lanzado un enorme paquete de rescate. Ya se han prometido hasta 750.000 millones de euros. La política climática juega un papel marginal en el mejor de los casos - la realpolitik económica está a la orden del día, la estabilización del viejo sistema es la meta. Así pues, estamos perdiendo una oportunidad única de lograr un cambio estructural sostenible en un corto período de tiempo. Por supuesto, es un riesgo aventurar experimentos estructurales en la economía en medio de una recesión. Pero el riesgo de volver al antiguo status quo es mucho mayor, porque estamos poniendo en peligro nuestra existencia en este planeta.”

Mirando y actuando en positivo

Si no logramos implementar reformas económicas, ¿qué quedará después de la pandemia para el medioambiente y para nosotros?

Nos hemos visto obligados a frenar nuestra vida cotidiana y profesional en muchos casos. Las soluciones de oficina digital para el hogar se han implementado de manera increíblemente rápida y eficiente. La gente de repente pasa más tiempo con sus familias, en lugar de desplazarse a la oficina y ayudar a crear atascos del tráfico. Algunos incluso han sembrado vegetales en el jardín o en el balcón, por primera vez.

Gracias al encierro, los que no somos padres trabajadores hemos experimentado, quizás por primera vez, cómo podría ser un modelo de vida más sostenible y desacelerado. Un modelo en el que la solidaridad y el bienestar humano cuentan más que la maximización del beneficio y el prestigio social.

Tal vez esta experiencia nos permita redefinir lo que hace que nuestras vidas valgan la pena y descartar lo que ha demostrado ser un lastre superfluo.

Termino reafirmando “Soy optimista, pero me temo que mucha gente no reflexione y está demasiado dispuesta a volver a las viejas estructuras, porque el ser humano es un animal de costumbre”; pero también es capaz de aprender, de adaptarse y encontrar soluciones exitosas a sus problemas… SI SE LO PROPONE COMO ALGO CENTRAL.

Aún tenemos tiempo para convencer a los escépticos, antes de que la ventana de tiempo de la pandemia se cierre de nuevo.

Aprovechémoslo al máximo.

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