fbpx

El día después

Coordinado por Santiago Prieto

 

La superstición trae mala suerte.

Raymond Smullyan (1919-2017)

En esta sección se busca aportar a las reflexiones acerca de lo que sigue a este lapso de alarma y preocupación, a esta crisis que genera la pandemia del COVID-19. Es decir que en ella tratamos de acercar contribuciones para pensar qué cosas serán iguales y cuáles distintas, quiénes seremos, qué sociedad conformaremos, qué roles y qué lugar se le requerirán a los Estados, qué impacto tendrá sobre las relaciones sociales y productivas. Qué aprenderemos de esta pandemia.

La humanidad debió afrontar diversas crisis en su historia, varias de ellas desatadas por epidemias masivas que la pusieron a ella y a la civilización en grave riesgo, a veces al borde del precipicio. Hoy la ciencia tiene más recursos, más razones y genera mejores respuestas. Seguramente esta pandemia del COVID-19 tendrá consecuencias menos dramáticas en términos de cantidades. No obstante, probablemente cuestionará los modos en que nuestras sociedades se organizan, distribuyen los recursos, atienden la salud, gestionan la educación y no sólo en los momentos de las crisis. A lo mejor, la solidaridad reaparecerá no sólo como un valor deseable en lo individual sino también como un atributo exigido a los modos de organización social, económica y política. Sobre estos y otros aspectos pensaremos juntos. Tal vez al mirarnos en esta situación crítica y atípica descubriremos que si constituyéramos una sociedad y una humanidad justas y todos estuviéramos bien, todos viviríamos mejor.

Contamos en este número con un artículo escrito por Waldo Villalpando, inspirador y enriquecedor de la reflexión y el pensamiento, pensando en lo que podrá ser y en lo que no debería estar ausente después de la pandemia.
 

¿QUÉ PODEMOS ESPERAR DE LA POSPANDEMIA?

Por Waldo Villalpando (*)

Cuando se me propuso escribir sobre este tema mi primera reacción fue que era demasiado temprano para sugerir algo valioso. Pero luego pensé que cuando pase la pandemia estaré demasiado ocupado en recuperarme y habré olvidado la actual incertidumbre. Albert Camus, que describe una situación muy parecida a la que padecemos en una premonitoria novela (‘La peste’) afirma: “Al principio de las catástrofes o cuando se han terminado, se hace mucha retórica. Es en el momento de la desgracia cuando uno se acostumbra a la verdad”.

Por otro lado, estoy seguro que las consecuencias reales de esta pandemia tardarán años en verificarse, si alguna vez nos ponemos de acuerdo respecto de tamaño tema. Sobre estas sencillas bases y en medio de predicciones apocalípticas, formulo algunas ideas, quizás demasiado optimistas.

_________

La lección más importante que estamos internalizando es que la salud no es solo un bien individual sino, además, una responsabilidad social y universal. La pandemia no respeta fronteras ni órdenes, por el momento sólo se la previene mediante comportamientos íntimos, El obstetra húngaro Ignaz Semmelweis, a mediados del siglo XIX, fue el primer médico que alertó a sus colegas sobre la necesidad de lavarse las manos antes de entrar a un quirófano. La clínica de Budapest en que Semmelweis trabajaba redujo así la mortalidad en los partos por cerca de un 90% en unos pocos años. Sin embargo, hubo una gran resistencia de los propios médicos a higienizarse y más aún, en instalar lavatorios en todas las salas de los hospitales. Ahora, el coronavirus ha convertido el acto de lavarse las manos en una obligación social.  

Desde fines del siglo pasado la digitalización de la comunicación ha crecido de un modo exponencial. Este período pandémico ha acelerado notablemente el proceso. Los whatsapps han reemplazado a los mails y el fax -que me asombró a principios de los 80- es ahora tan antiguo como la escritura gótica. Una consecuencia inmediata es el auge del teletrabajo que está mostrando que puede ser tan eficiente como el presencial. Esto ya se percibe en la docencia. Por supuesto, que hay trabajos de elaboración, seguridad, manuales o de servicio en que la presencia física es y será irremplazable, pero la cantidad disminuye. El manejo informático no será ya una habilidad sino una necesidad para seguir sobreviviendo.

Más allá de los beneficios de la eficacia social, existe un efecto personal: la progresiva desaparición del espacio trabajo-casa. No es sólo llevarse trabajo a casa sino, más bien, que las obligaciones laborales ya se han metido en nuestra casa. Las responsabilidades y horarios se van confundiendo y exigirá una mayor disciplina privada. Ni qué hablar de la intimidad.

La práctica informática debiera reducir las llamadas “reuniones de trabajo” que progresivamente restringirán los viajes laborables, particularmente los de personas distantes. En el ámbito civil ya es un hecho y ahora se agregará en lo trasnacional. Mi impresión es que se reducirá el número de congresos y conferencias multinacionales. Las relaciones internacionales también debieran quedar afectadas en este aspecto. Los foros, consultas y conferencias internacionales son demasiado costosos y fácilmente reemplazables en tiempos de austeridad como los que se aproximan. De hecho, todos los grandes organismos trasnacionales han cancelado dramáticamente sus reuniones y decisiones en los últimos meses y esa práctica restrictiva continuará.     

Es seguro que las protestas sociales aumentarán en la medida que se profundice la actual crisis económica global y el consiguiente desempleo. Ya estamos asistiendo a numerosas manifestaciones masivas reivindicando una variedad de consignas, algunas desconocidas hasta este momento. Pero al mismo tiempo, es posible que los conflictos internacionales encuentren ahora más vías de acuerdo que de disenso. Ningún Gobierno está en condiciones de exigir el sacrificio físico de sus ciudadanos por causas territoriales, políticas o similares, después del sufrimiento de la pandemia. A principios de junio 2020 se produjo el incidente fronterizo más sangriento de los últimos sesenta años entre los ejércitos chino e indio; sin embargo, ambas potencias emitieron un solo comunicado en menos de 48 horas declarando que el conflicto se resolvería por vía diplomática. Valga la ilusión que se acerca una época de relativa armonía internacional y que la posibilidad de guerras entre Estados disminuirá.

Lo que podemos aprender de estas adversidades debe comunicarse y transmitirse a otras generaciones, El modo habitual de hacerlo en nuestras sociedades se canaliza mediante la educación en todas sus expresiones. Permítaseme recordar un episodio ocurrido en medio de una gran tragedia. Fue el 26 de diciembre de 2004. Tilly Smith, una niña británica de diez años, estaba sentada en la arena junto con sus padres y una hermana menor en una playa de Tailandia donde pasaban las vacaciones. Todos los veraneantes observaron un fenómeno singular: el agua del mar comenzó a retirarse de la costa dejando a la vista el fondo. Todos comentaron el hecho de un modo superficial, varios curiosos se acercaron a la orilla. Tilly, en cambio, se puso en alerta. Además del retroceso del agua ella advirtió que se producían burbujas en la superficie, “como si fuera cerveza”. Recordó una clase que había escuchado en su escuela unos días antes sobre el terremoto de Lisboa (1755) y previó el tsunami. Gritó “¡Se viene una ola enorme, vámonos de aquí!” Sus padres se sorprendieron pero casi instintivamente la siguieron, avisaron a los que estaban en la playa y autoridades locales. Se refugiaron en un lugar alto. Tres minutos después estalló la primera ola de un tsunami brutal que causó millares de víctimas en el sudeste asiático. En la playa donde estaba Tilly (Phuket) se salvaron todos, unas cien personas.

Dos siglos y medio después del terremoto de Lisboa, la experiencia adquirida salvó al menos cien vidas. Un profesor motivador y una niña inteligente obraron el milagro. Pero en realidad detrás existía un sistema educativo que había logrado poner al alcance de los escolares las experiencias constructivas de la historia humana.

La educación, siempre la educación. Con o sin pandemia.

24 de junio de 2020    

(*) Waldo Villalpando es Abogado y Doctor en Derecho. Con una extensa trayectoria de labor internacional en el ámbito de la ONU, integra la YMCA desde su infancia, colaborando activamente con ella y sus acciones.
logo_blanco.png
Copyright © 2018 YMCA. Todos los derechos reservados. Realizado por EstudioTall.com.ar

Contacto

Reconquista 439 C1003ABI - CABA
Tel/Fax: (011) 4311-4785
ymca@ymca.org.ar

raciparaweb.jpg
banner144x62pixels1.png