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Frases con historia

Por Luis Zamar

Un estimado asociado y colaborador voluntario de la institución, tuvo el afectuoso gesto de enviarnos un ingenioso mensaje, construido fundamentalmente con las “frases con historia” de nuestra anterior edición. Le hacemos llegar nuestro agradecimiento y, como para no quedar atrás, va al final de esta entrega, un párrafo con los dichos vertidos hoy.

Decíamos ayer

Fray Luis de León, quien vivió consagrado a la poesía y los estudios teológicos, obtuvo a los 34 años su primera cátedra en Salamanca (1561). Por traducir del hebreo el Cantar de los Cantares, fue acusado de escándalo y llevado ante un tribunal eclesiástico. Las autoridades le prohibieron enseñar mientras se substanciaba el proceso,  el cual duró cinco años y concluyó absolviéndolo. El día en que regresó a la cátedra, no cabía un alfiler en el aula. Todos esperaban que se refiriese a los motivos de su ausencia, pero él se limitó a retomar los textos donde los había dejado en la última clase. “Decíamos ayer” recomenzó, como si nada hubiera ocurrido.

Después de mí el diluvio

Frase que traduce una total desaprensión por los males que nuestros actos pueden causar en el futuro, sin consideración a sus consecuencias. Ya sea una deuda contraída sin saber cómo ha de pagarse, de un contrato de improbable cumplimiento o de cualquier otro compromiso que será muy difícil de afrontar. Suele ser atribuida a Luis XV en el momento de morir, pero diversos testimonios prueban que madame de Pompadour, amante del monarca, ya la había empleado refiriéndose a ambos: cuando el rey se mostraba preocupado por los desastres que culminaron con la pérdida para Francia de sus posesiones en Canadá y en la India, y encima con una pésima situación económica, la Pompadour le aconsejaba indiferencia: “no debéis afligiros, después de nosotros, el diluvio. La expresión tiene el valor de un encogimiento de hombros, de una negativa a enfrentar y tratar de resolver los propios errores.

Dormir la mona

Hay incontables sinónimos para nombrar los efectos del exceso de alcohol. Y de quien cae vencido por el sueño etílico, es común decir que “duerme la mona”. La expresión comenzó a circular en los países de habla hispánica durante el siglo pasado, cuando muchos simios fueron llevados del Asia o del África, a los circos y zoológicos europeos. Era habitual que la tripulación de los barcos que los transportaban, les dieran de beber ron para divertirse  así, con el comportamiento pintoresco de estos animales. Muchos circos siguieron aquella práctica, ya sea para estimular a los chimpancés que a veces se resistían a realizar su número, o bien para hacer reír al público con las monerías propias de la borrachera. Por ser muy sensibles a la bebida (en especial las hembras), la pesada somnolencia que finalmente les sobrevenía, dio lugar a la frase, y esta se aplica a cualquiera que por empinar demasiado el codo, acaba por roncar en el primer rincón que encuentra.

El convidado de piedra

Según los diccionarios, el calificativo se aplica al invitado que permanece silencioso durante una reunión social. Alguien que, entre sorbos y bocados, no va mucho más allá del monosílabo. El convidado de piedra es quien, en una reunión, no interviene en ella y pasa desapercibido o es ignorado por los anfitriones. En las negociaciones, se dice frecuentemente de quien es invitado por compromiso, pero no es tenida en cuenta su opinión. Su origen se remonta a una vieja leyenda sevillana que inspiró dos obras teatrales de fama universal. El convidado de piedra/El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, y Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. El convidado es don Gonzalo de Ulloa, comendador de la orden de Calatrava. Cuando Don Juan le pide la mano de su hija, lo rechaza airadamente. Sintiéndose insultado, el arrepentido libertino da muerte a quien quería por suegro y huye a Sevilla. Al regresar años después, visita el sepulcro del comendador y, como broma de ultratumba, invita a la estatua a cenar a su casa. El convidado de mármol comparece y ocupa el lugar que le han reservado en la mesa. Así nació el dicho que hoy se ha generalizado. Describe también la situación de cualquiera que en un grupo no tiene ni arte ni parte, como si fuera el monumento al invitado sobrante.

El abogado del diablo

Hacia el año 1500, los obispos locales acordaban sin mayor trámite el título de santos o de beatos a quienes habían muerto como mártires o se habían destacado por sus milagros y obras de fe. Tantos fueron los designados, que el Papa Urbano VIII instituyó en 1643, un juicio de canonización muy estricto, que, con ligeras modificaciones, sigue aún en vigencia. En él se nombra a un prelado con la misión de refutar cuanto se alega en defensa del candidato. A ese funcionario, el derecho canónico lo denomina “abogado del diablo”, en contraposición con el “abogado de Dios”, encargado de exponer las pruebas a favor. La expresión abogado del diablo es hoy de uso común para referirse (casi siempre con ironía), a quien sistemáticamente impugna las buenas causas o defiende lo indefendible.

Los siguientes argentinismos (locución, giro o modo de hablar propio de los habitantes de este país) complementan nuevamente el listado, ya que nos pareció adecuada su presencia, en las entregas semanales.

Guita

En lunfardo, el dinero tiene infinidad de sinónimos: mango, viyuya, morlaco, vento, mosca, tarasca. También existe un lenguaje propio para hablar de su valor: luca es mil, gamba es cien y palo es millón. Sin embargo, el origen del término guita es difícil de rastrear. Una de las versiones más difundidas sostiene que proviene del alemán, específicamente del germano antiguo, de la voz witta, usada para denominar algo fundamental, sin el cual no se puede vivir. A su vez, witta también proviene del latín vita, que significa vida.

Bancar

Con frases como “yo te banco” o “no te banco más”, bancar es uno de los verbos que más usamos los argentinos para expresar si aguantamos, toleramos o apoyamos a alguien, sin expresar el malestar que ello provoca. El origen del término es bastante discutido. Algunas opiniones señalan que alude al banco en el que nos sentamos, en el sentido de que este soporta nuestro cuerpo. Sin embargo, otros argumentan que se trata de una expresión popularizada gracias a los juegos de azar. Es que “bancame” era la súplica que hacían los apostadores a los responsables de la banca en los casinos.

Catrasca

Puede que a menudo, muchos de los que utilizan esta palabra para referirse socarronamente a las personas torpes o propensas a los pequeños accidentes, no tengan cabal idea de su significado literal. Sucede que esta expresión se establece como síntesis de la frase “macana tras macana” por no usar otra palabra. En la Argentina, se hizo popular en 1977 a partir de la película El gordo catástrofe,  protagonizada por Jorge Porcel, quien personificaba a un hombre que vivía de accidente en accidente, y al que todos llamaban Catrasca.

Despiplume

Muchas veces los medios de comunicación masiva, logran instalar expresiones en el habla cotidiana gracias a memorables personajes de ficción, y también  a los guiones de algunas publicidades. Es el caso de despiplume, una voz que nació en la década del 70 en un spot de la famosa marca de coñac Tres plumas, protagonizado por Nélida Lobato. A través de un juego de palabras, la idea fue asociar el término despiole, al producto. Sin dudas, lo lograron, pues si bien hoy la expresión casi no se usa, cualquiera sabe que queremos decir lio o descontrol,  cuando afirmamos que “esto es un despiplume”.

“Decíamos ayer, lo irritante  que es encontrar a un catrasca durmiendo la mona, querer ayudarlo con un poco de guita, para que pueda bancar un posible despiplume familiar cuando despierte, y que aparezca un convidado de piedra haciéndose el abogado del diablo, diciéndome que dicha actitud emparentaba la personal intuición, con “después de mi el diluvio”.

Muchas gracias por acompañarnos y ¡hasta el próximo encuentro!

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