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Coronavirus e infodemia

Por Adriana Zilber
La búsqueda de la verdad es más preciosa que la verdad en sí - Albert Einstein -

El 30 de enero de 2020, y tras la aparición de un gran número de personas que habían contraído la enfermedad denominada COVID-19, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se expresó al respecto como una “emergencia de salud pública de interés internacional”. Paralelamente, los profesionales del área del mundo entero comenzaron a difundir todo tipo de información relacionada con el nuevo virus, que finalmente fue declarado como Pandemia el 11 de marzo de 2020.

Ante esta situación sin precedentes, el público del mundo entero se acercó masivamente al consumo de noticias de relevancia; en un intento por aclarar, en principio, el alto nivel de incertidumbre al que nos vemos expuestos y, de inmediato, para informarse acerca de las recomendaciones en materia de prevención que brindan los organismos de salud.

Es así que nos encontramos frente a un novedoso y severo problema asociado la Pandemia: la Infodemia. Para el investigador y politólogo Mario Riorda la infodemia es una “epidemia de mala información, o bien mala información que posibilita una epidemia vía datos falsos, errados o maliciosos que se propagan por redes sociales". En concordancia con él, la OMS se refiere a “un gran aumento del volumen de información relacionada con un tema particular, que puede volverse exponencial en un período corto debido a un incidente concreto como la pandemia actual”.

Las principales consultas que realiza la población, en los medios de comunicación, en torno a la enfermedad denominada COVID-19 son: la causa o motivo de su aparición, las vías de transmisión, y el tratamiento e intervenciones por parte de los organismos de salud.

¿Por qué la OMS se pronuncia al respecto de la infodemia? Porque en numerosos casos la información que circula en redes sociales y medios de comunicación es falsa, y puede dar lugar a que las personas adopten conductas erradas que las enfrente a mayores riesgos de los que ya presenta la propia Pandemia. Así lo expresa un artículo de la Asociación Americana de Psicología afirmando que la sobreexposición mediática puede suponer “una amenaza para la salud”, y que “el consumo excesivo de noticias puede incrementar la sensación del riesgo para la salud y amplificar el estrés. Las secuelas pueden persistir en el tiempo, más allá del brote”.

Y es aquí donde nos detendremos expresamente, al preguntarnos: ¿Es posible evidenciar aumentos de manifestaciones emocionales, perjudiciales para nuestra salud, como consecuencia de la Infodemia? Diferentes investigaciones, por ejemplo una encuesta realizada en Estados Unidos, u otro estudio, publicado recientemente por científicos en China (por citar sólo algunas), así lo certifican. Todas coinciden al señalar, entre los síntomas más destacados, indudables aumentos en los niveles de depresión, ansiedad, estrés y un temor excesivo al contagio.

Recordemos, como vimos en notas anteriores, que estos síntomas pueden derivar en otros tipos de trastornos como alteraciones del sueño, cambios en los patrones de alimentación, empeoramiento de conductas asociadas al consumo de alcohol, tabaco u otras drogas; o bien derivar en un aumento de complicaciones en la salud de aquellas personas que posean Enfermedades No Transmisibles (ENT) preexistentes. Y además, aparece en sintonía con esta situación, una búsqueda desproporcionada de servicios de atención médica como respuesta a estas manifestaciones de la salud.

Ante la Infodemia, cada uno de nosotros debe adoptar conductas criteriosas, que reporten beneficios en la salud de la población en general. Sin ir más lejos, recordamos algunos ejemplos que fueron dados como noticia, en diferentes medios de comunicación masiva, y anunciaban que “la luz del sol u otras capacidades del calor podrían matar el virus”, o que debíamos “realizar gárgaras de agua tibia con sal o vinagre”. Estas y muchas otras informaciones análogas, son desmentidas de manera consecuente por los organismos de salud.

Entre variadas recomendaciones generales que señalan los organismos responsables en el tema, se mencionan:

  • Determine si la información realmente tiene sentido, aun cuando provenga de una fuente segura y haya sido compartida anteriormente;
  • Corrobore la fuente;
  • Notifique los rumores perjudiciales;
  • Si no puede confirmar la fuente de la información, su utilidad o si ha sido compartida antes, es mejor que no la comparta;
  • Participe e intercambie de forma responsable en las conversaciones sociales.

Es comprensible que el desconocimiento y la incertidumbre, generada ante un hecho tan sorprendente y repentino como lo fue el surgimiento de la COVID-19, reciba gran cobertura mediática y altos niveles de consumo de información. Pero debe primar la coherencia y el equilibrio entre ambos, promoviendo que la población en general, sea consciente de una actuación apropiada al contexto en el que estamos insertos.

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