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Buscando lo más útil, sencillo y aplicable encontramos lo funcional

Por Cristian Fernández 

En los anteriores artículos de esta sección describimos las capacidades físicas del cuerpo humano y cómo entrenarlas regularmente desde nuestros hogares para lograr los objetivos buscados. Lograr un equilibrio en el rendimiento de todas ellas probablemente nos requeriría invertir casi todo el día en entrenamiento. Y las cosas se complican aún más si le sumamos que, además, a todos nos gusta mejorar nuestra imagen y tener una estructura física atlética.

Haciendo un paralelismo simple, suele suceder lo mismo a la hora de elegir un vehículo, un electrodoméstico o algún artefacto electrónico. Siempre nos gustaría tenerlos a todos, pero debemos elegir cuál de ellos se adecuará mejor a nuestras necesidades y cuál será el más acorde a nuestros requerimientos. Es decir los analizamos a partir de qué función cumplirá en nuestras vidas.

Solemos decir “Me encanta esa cafetera expreso, el molinillo de café y todos los filtros y tipos de adminículos, pero para ubicarla en la mesada de la cocina la cafetera simple y más pequeña me dejará mayor espacio, será más útil y funcional”. Podemos comprender muy claramente la utilización del término. Si lo relacionamos con la práctica de actividad física será con el mismo carácter, es decir que “entrenamiento funcional” significa entrenar con un propósito, poner en práctica un entrenamiento para que sirva.

Podemos decir que es una metodología de entrenamiento que se basa en realizar ejercicios y movimientos que nos ayuden a desempeñar tareas funcionales.

El objetivo final es mejorar nuestra capacidad para movernos, no sólo dentro del gimnasio sino también fuera, en nuestra vida cotidiana.

Normalmente, cuando vamos al gimnasio de pesas y complementos seguimos una rutina (p.e.: los lunes pecho, los martes espalda, etc.) Ella tiene un número determinado de ejercicios para desarrollar en las máquinas, con su respectiva cantidad de series y de carga. Esta planificación suele repetirse durante varias semanas hasta que al producirse la adaptación del cuerpo debe renovarse. En cambio, el entrenamiento funcional se basa en patrones de movimientos y no en grupos musculares de trabajo.

Dicho en otras palabras; las máquinas del gimnasio sirven para trabajar de forma aislada un grupo muscular, pero entrenando de forma funcional se trabaja todo el cuerpo involucrando activamente varios grupos musculares en la misma sesión, con movimientos muy completos y variados.

Analizando la participación de los asociados en las clases virtuales que la YMCA viene desarrollando durante este período de aislamiento social, el equipo docente notó la gran aceptación que tienen las clases de entrenamiento funcional, hecho que nos llevó a dialogar con uno de los profesores que dicta dichas clases en la YMCA. Ariel García señala velozmente los tres beneficios más relevantes, de acuerdo a su criterio:

  1. El entrenamiento funcional persigue el objetivo de ser útil para cualquier persona. Ayudará a ser más eficientes a la hora de realizar los movimientos en la vida diaria. Los avances serán fácilmente perceptibles.
  2. El entrenamiento funcional trabajará los músculos a través de la imitación de la cotidianidad, es decir que los ejercicios que se ejecuten repetirán parámetros similares a los de determinados movimientos cotidianos, como caminar, saltar, subir escaleras, levantar cargas, arrastrar, etc.
  3. El entrenamiento funcional es capaz de involucrar a todos los músculos del cuerpoy los ejercicios no deben trabajar los músculos de forma aislada sino como una totalidad.

Ariel asegura que es una forma de entrenamiento recomendable para todos, puesto que independientemente de la preparación física previa que tenga cada persona ayudará a mejorar sus capacidades en forma progresiva. Agrega, además, que todos pueden entrenar de manera funcional, con la supervisión que se requiera para adaptar los ejercicios a sus propias características y/o limitaciones.

Obviamente, en este proceso de llegada masiva se intenta incluir sólo técnicas de realización que incluyan la mayor amplitud de características físicas, tarea algo compleja a la hora de planificar.

Otras de las ventajas que se pueden destacar son: el ahorro de tiempo, ya que  se trabajan de manera simultánea la totalidad de las capacidades; lo divertido de su desarrollo, debido a que se realizan movimientos lúdicos, con la utilización de diferentes elementos; y, por último, que representa un buen complemento de otros deportes, porque mejora la relación entre el sistema nervioso central y el musculoesquelético; es decir que permite la capacidad de hacer movimientos rápidos para reaccionar ante distintos estímulos.

Los demás docentes coinciden también en señalar otro beneficio que al nombrarlo nos pone un poco melancólicos: el relacionado con la mejora de la socialización y la integración grupal. Habitualmente las clases de entrenamiento funcional se realizan en grupo. Pero bueno, miremos la descripción con optimismo, y pensemos en que ya hemos superado 66 días de aislamiento social, y pronto nos volveremos a encontrar en los gimnasios para compartir, con algunas restricciones, esas clases tan especiales.

Agradecemos la valiosa participación del Profesor Ariel García.

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