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¿No se nos habrá ido un poco la mano (y también el resto del cuerpo)?

Por Cristian Fernández 

Cuando el proceso de aislamiento social obligatorio comenzó, una de las consignas principales fue brindar todos los recursos posibles, para que los asociados tuviesen herramientas adecuadas al alcance de sus manos. Este desafío inédito nos llevó a tratar de ofrecer una amplia variedad de opciones en el menor tiempo posible y que fueran lo suficientemente estimulantes como para cubrir las expectativas de nuestra comunidad, que cuenta con un amplio número de personas que incluyen la actividad física regular en sus vidas. 

Sucedió entonces que, iniciado el dictado de clases y guías a través de Internet, muchas personas comenzaron a realizar actividades físicas a las que, en las actuales circunstancias, no podrían asistir personalmente. Simultáneamente, la mayor disponibilidad de tiempo hizo que otras tantas hicieran más esfuerzo de lo habitual, ya sea por los cambios de la cotidianeidad o por la necesidad de compensar el sedentarismo favorecido por la cuarentena.   

La interacción con los participantes, en los chats durante las clases en vivo y a través de las consultas recibidas, evidenciaron esas condiciones a los docentes que integramos el equipo de la YMCA. A partir de allí enfatizamos la incorporación de actividades relacionadas con la elasticidad muscular y la flexibilidad, así como clases de meditación y charlas que favorecieran la adquisición y/o conservación de hábitos saludables y que evitaran la sobrecarga y los esfuerzos físicos excesivos. No obstante, estas últimas actividades mencionadas no dejan de representar trabajo muscular y, por lo tanto, no representan una solución completa a la cuestión.

Nos interesa señalar el riesgo de caer en un error muy común al realizar actividad física: el exceso. Eso que también llamamos sobreentrenamiento y que podemos definir como una respuesta deficientemente adaptada del organismo al estrés del entrenamiento. Por lo general se debe a la exposición continua a niveles de cargas de entrenamiento elevados, con pocos períodos de descanso.  Más allá de que actualmente no existe un diagnóstico clínico fiable que lo identifique, frente a esa situación se sugiere como mejor opción la disminución de la práctica física. Los síntomas que nos permitirían reconocerlo son muy variables, y hasta en muchas ocasiones contrapuestos, por lo que es preferible hablar de “síndrome de sobreentrenamiento”. Entre ellos pueden presentarse:            

  • Irritabilidad
  • Pérdida de peso evidente.
  • Disminución del rendimiento físico
  • Falta de concentración y atención
  • Sensación de cansancio al momento de realizar acciones sencillas.
  • Falta de coordinación de diferentes movimientos
  • Pesadez muscular, molestias, pequeños dolores generalizados
  • Alteración del sueño
  • Alteración de la frecuencia cardíaca en reposo

La Prof. Gisele, Coordinadora del Programa de Adultos en la sede central, afirma que los últimos tres síntomas son los más comunes a la hora de evaluar a las personas que han llevado a cabo un entrenamiento mayor a lo conveniente durante varias oportunidades consecutivas.

Gisele, que también dicta clases de gimnasia localizada y confecciona rutinas de entrenamiento en el gimnasio de pesas y complementos, sostiene firmemente que la principal causa de padecer este síndrome es la ausencia de un plan de entrenamiento sistemático, controlado y progresivo. Y que ante la aparición de alguno de estos síntomas la mejor manera de evitar que se haga crónico, es decir que persista en el tiempo, es actuar rápidamente, tomando algunos días de reposo de la actividad física, acompañados de buena alimentación.

Para un mejor aprovechamiento de lo expuesto, quisiéramos describir las acciones a tener en cuenta para evitar esta afección:

  • Mantener una alimentación adecuada. Debe ser variada, con ingesta de hidratos de carbono durante los periodos de entrenamiento en los que las cargas sean elevadas y con adecuada ingesta de líquidos -principalmente agua- antes, durante y después de la actividad.
  • Suficiente descanso: al menos ocho horas diarias y con un día a la semana de descanso completo de actividad física.
  • Tener en cuenta algunos factores ambientales: calor, presión, la altura, que pueden afectar negativamente el entrenamiento.
  • Dosificar correctamente las cargas de entrenamiento: cada persona tiene un umbral diferente y distinta manera de asimilar, por lo que cada una debe adaptar las cargas en función de sus características. Para ello es también muy útil recurrir al asesoramiento del equipo docente.
  • Moderación al entrenar la fuerza: investigaciones recientes evidencian que el entrenamiento de la fuerza se relaciona en mayor medida con el síndrome de sobreentrenamiento (principalmente si se trabaja con cargas máximas).
  • Evitar la monotonía siempre que sea posible, utilizando métodos de entrenamiento variados (entrenamientos en grupo, cambiar de rutinas, variar disciplinas, etc.).

 

Este tipo de manifestaciones suele darse principalmente en actividades de una intensidad elevada y con una exposición continua a largos períodos de entrenamiento. Para quienes concurren habitualmente a las clases, a los gimnasios, a los natatorios o a los deportes en general, y que hoy se encuentran realizando las clases online en Instagram @YmcaArgentina o visitando la página ymca.ar/encasa , seguramente no será una amenaza, dado que las clases se encuentran planificadas para que esto no ocurra.  No obstante, siempre suma saber cómo cuidar nuestra salud.

Agradecemos muy especialmente la colaboración de la Prof. Gisele Giacomotti.

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