Tener

MEMORIA

Nos los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen, en cumplimiento de pactos preexistentes, con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino: invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia: ordenamos, decretamos y establecemos esta Constitución, para la Nación Argentina.

(Preámbulo de la Constitución de la Nación Argentina)

Vivimos tiempos de volatilidad. En nuestro país y en el mundo. Las palabras parecen ir perdiendo o mudando su significado o bien siendo utilizadas para expresar sentidos opuestos al que referían. Lo que hasta no hace tanto se intentaba ocultar o disimular, con inherente reconocimiento a su carácter cuestionable o delictivo -de aquello que debería ser rechazado, evitado y penado-, ahora puede ser mostrado con orgullo y ostentación. Las opiniones, aún aquellas más disparatadas y caprichosas, pueden ser expresadas a viva voz y con pretensiones hegemónicas, asumiendo que tener muchos “likes” en las redes sociales pueda ser tan sólido como el método científico y las evidencias empíricas. La Tierra pierde su esfericidad y se aplana, las vacunas nos magnetizan, la justicia social es un crimen, las guerras son preventivas, las leyes y los acuerdos se toman en cuenta solo si convienen a los intereses de quienes tienen las ventajas a su favor, dos más dos pueden sumar tres. Con frecuencia se argumenta, mientras la pasividad de muchos lo consiente, que la preexistencia de otros delitos semejantes justifica los que ahora se estén llevando a cabo, sean sobreprecios, coimas, obtención de privilegios, subvenciones sospechosas, supresión de derechos o el mero desprecio de los límites que imponen la Constitución y las leyes. Algo así como la ley de la selva. La vida y su calidad no importan tanto como las ganancias y las miradas hacia el futuro no parecen ir más allá de mañana. Al menos en lo que a “los demás” se refiere, ya que lo propio, lo individual, adquiere proporciones incalculables y parece constituirse como piedra fundamental de la civilización actual (1). Conservar la memoria alcanzaría para desmentir semejante presunción.

Hace 50 años, un golpe de estado cívico-militar -ejecutado por los mandos de las fuerzas armadas de esa época, uniformadas, equipadas, armadas y asalariadas con los recursos públicos de la Nación, cuyo objeto era la defensa de la Nación ante amenazas externas y en el marco de su Constitución y sus leyes- se hizo con el poder absoluto, ejecutivo, legislativo y judicial, con la complicidad de algunos sectores civiles, llevando a nuestro país a una de sus etapas más oscuras y sangrientas. Decenas de miles de desapariciones forzadas, torturas, muertes -incluyendo a personas arrojadas vivas al mar desde aviones, apropiación de bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres o bien secuestrados en los procedimientos ilegales llevados a cabo, cometiendo innumerables delitos de lesa humanidad, varios de los que aún se perpetúan por el ocultamiento de información hasta nuestros días (la que incluye la identidad de cientos de bebés -hoy personas adultas- aún no recuperados por sus familias) y que incluyeron censura, proscripción, persecución y cancelación de los derechos y libertades sociales e individuales.

Como resultado de diversas acciones, incluyendo el destacadísimo rol desempeñado por las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, Argentina recuperó su democracia en 1983 y llevó a juicio a muchos de los responsables de tales atrocidades, siendo condenados por delitos de lesa humanidad, algo también reconocido en ese carácter por los organismos internacionales. No por casualidad, Argentina emergió de esos años de dictadura con una abultada deuda externa, evidencia per se de que detrás de todas las cuestiones políticas que se esgrimían, había otras de carácter económico que le daban lugar y cuyos beneficios eran efectivamente disfrutados por algunos. Estos juicios y el modo ejemplar en que fueron llevados adelante recibieron fuertes y significativos respaldos internacionales, constituyendo un hecho de referencia en numerosos países.

La memoria resulta indispensable. Comparar el hoy con el ayer, descubrir y distinguir sus puntos de coincidencias y divergencias, puede ayudar a evitar repetir capítulos tan tenebrosos de nuestra historia reciente, así como no terminar yendo en la misma dirección con otra melodía, así como nos respaldaría en el rechazo de dislates, tonterías y debates absurdos.

Los valores que la Misión de la YMCA promueve, Justicia, Paz, Amor y Solidaridad, son también componentes de la Constitución Argentina y propósitos de sus leyes. Exigir su cumplimiento, su prosecución, es hoy tan importante y central como lo fue en 1810, en 1816, en 1853, en 1994. Promover los derechos a una educación de calidad, a la salud, a la vivienda, al trabajo digno, al desarrollo pleno de las potencialidades de cada persona debe seguir siendo hoy el horizonte de la Nación. La Constitución y los Acuerdos y Convenciones Internacionales suscriptos así lo señalan, sin confusiones (2).

A 50 años del inicio de la última dictadura, sigamos aspirando a mantener en nuestro país su vigencia, con Memoria, Verdad y Justicia.

(1) El Informe Forbes 2025 muestra que solo las 3.000 primeras familias multimillonarias de su lista tienen fortunas equivalentes al 17 por ciento del PBI mundial (con unos 8.300 millones de personas).

(2) Los artículos 14 y 14 Bis merecen también tenerse presentes:

Artículo 14º.-

Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio, a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

Artículo 14º bis.-

El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial.


Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo.


El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.