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El derecho internacional no sucumbe ante el colonialismo

2 de abril de 2016

La posición británica es tan débil que para ser sostenida sólo le queda el poder militar en un mundo que rechaza, sin claudicaciones, el colonialismo que atrasa en términos históricos y es una rémora que enluta al derecho internacional.

La posesión británica de las Islas Malvinas fue hecha por la fuerza en 1833 y esa fragilidad de origen es insalvable. Es ni más ni menos que una usurpación. El Reino Unido sabe desde comienzos del siglo XX que su postura es vulnerable. Existe suficiente documentación en el Foreign Office -que se ha intentado ocultar- probatoria de los derechos de la Argentina sobre las Islas. La negación del Reino Unido a dialogar sobre la soberanía es una muestra evidente de la carencia argumental que arrastra.

En virtud de una regla bien reconocida del Derecho Internacional que se llama uti possidetis iuris o sucesión de Estados, la Argentina heredó las islas Malvinas de España. Desde el momento mismo de la independencia, el gobierno de Buenos Aires consideró a las Malvinas como propias. Durante la década de 1820 Argentina efectuó numerosos actos de ejercicio de soberanía sobre las Malvinas, sin reclamación británica alguna.

Aceptar que sean los propios súbditos británicos (los isleños) instalados en Malvinas quienes decidan la controversia anglo-argentina constituiría un caso de arbitrariedad flagrante de Imposición del hecho consumado. Si hay un pueblo víctima de la acción colonial al cual el principio de libre determinación es aplicable en la cuestión Malvinas, ese pueblo es el pueblo argentino. 

Un país que se dice defensor de la democracia, la justicia y el derecho debería revisar su comportamiento para no dañar aun más su reputación. Ya acumula bastante carga negativa con su historial colonial. La comunidad internacional que a través de sucesivas y contundentes resoluciones ha instado al diálogo no está siendo respetada por el Reino Unido. Aunque no es una actitud nueva tampoco es buena ni perdurable en el tiempo. A la paz y a la armonía mundial, tan imprescindible hoy más que nunca, no le hace bien el autoritarismo que se coloca por encima del derecho. .

Eduardo Spósito
Secretario Honorario
  Eduardo Ibichian
Presidente
  Norberto Rodriguez
Secretario General
 

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april 2, 2016

The British position is so weak that to be held it may only resort to military power in a world that rejects, with no claudication, a colonialism that slows down the pace of history and is a remnant that darkens international law.

The British possession of Malvinas Islands was achieved by force in 1833 and that fragility of origin is insurmountable. It is no more, not less, than an act of usurpation. The United Kingdom knows since the beginning of the twentieth century that its position is vulnerable. There is enough documentation in the Foreign Office, they tried to conceal, evidencing Argentina's rights over the Islands. The denial by the United Kingdom to dialogue on sovereignty is a clear demonstration of its lack of arguments.

Pursuant to a well renowned rule of International Law denominated uti possidetis iuris or succession of States, Argentina inherited the Malvinas Islands from Spain. From the very moment of independence, the Government of Buenos Aires deemed the Malvinas Islands as its own. During the 1820 decade Argentina carried out a number of acts of sovereign nature over the Malvinas Islands, with no British claim whatsoever.

Accepting that the British inhabitants (the islanders) of Malvinas themselves decide the Anglo-Argentine dispute would entail a case of flagrant arbitrariness in imposing a fait accompli. If there is a people victim of the colonial action to which the principle of self-determination is applicable as far as the Malvinas Islands issue is concerned, that people is the Argentine People.

A country that claims to be an advocate of democracy, justice and law should revise its behaviour so as to avoid damaging even more its reputation. It already has enough negative burden with its colonial history. The international community that through successive and clear resolutions has urged dialogue is not being respected by the United Kingdom. Though this is not a new attitude it is neither good nor lasting over time. It is not good for world peace and harmony -essential today more than ever before- the authoritarianism that places itself above the law.

Eduardo Spósito
Honorary Secretary
  Eduardo Ibichian
President
  Norberto Rodriguez
Secretary General
 

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